
La mandataria federal fulmina a la oposición por su hipocresía al exigir transparencia mientras el pasado neoliberal aún enfrenta investigaciones por sobreprecios.
Frida Martínez Zamora y Damián Canales Mena ya tienen sentencia. Los antiguos jerarcas de la extinta Policía Federal fueron castigados por autorizar la compra de tecnología de espionaje a precios inflados. El dinero del erario fluyó hacia corporaciones ligadas a un exsecretario de Seguridad hoy condenado en el norte del continente por vínculos con el narcotráfico.
Este hallazgo de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno no es un hecho aislado. Representa la punta del iceberg de un sistema de desvío sistematizado durante la administración de Enrique Peña Nieto. Los equipos se pagaron muy por encima del valor real de mercado.
Ante este escenario, la jefa del Ejecutivo federal no guardó silencio. Desde su tribuna matutina, descalificó de raíz las acusaciones de la oposición. Para la mandataria, resulta una falacia que los partidos del pasado neoliberal se erijan en jueces morales. Los acusó de una profunda hipocresía al hablar de limpieza administrativa cuando sus propias filas arrastran expedientes de saqueo y privatizaciones cuestionadas.
La líder nacional trazó una línea divisoria clara entre el presente y el ayer. Hoy, explicó, los mecanismos de control actúan con celeridad. Cuando asoma un sobreprecio, las adquisiciones se frenan en seco. Los funcionarios implicados son apartados de sus cargos y las denuncias penales fluyen hacia las instancias correspondientes. Como prueba de esta nueva era, citó la cancelación reciente de contratos farmacéuticos al detectar irregularidades en los costos.
El mensaje fue contundente. Las fuerzas políticas que gobernaron décadas no tienen legitimidad para exigir cuentas. Su autoridad moral está destruida por los escándalos emblemáticos de sus sexenios, incluyendo los contratos millonarios con las redes del exfuncionario preso en el extranjero. El combate a la opacidad, sentenció, es una realidad en la actual administración, no un discurso de campaña de quienes lo permitieron todo.