Un margen microscópico y 400,000 papeletas en revisión judicial mantienen en vilo a una nación que ha visto nueve presidentes en una década.
Seiscientos cincuenta sufragios. Esa es la distancia que separa a Keiko Fujimori de la presidencia de Perú. Con el 98.20% de las actas procesadas, la heredera política del exmandatario Alberto Fujimori logró una ventaja mínima del 50.002% sobre el izquierdista Roberto Sánchez.
El escenario cambió drásticamente en 48 horas. El lunes, Sánchez lideraba con 42,000 votos de diferencia impulsado por el voto rural. Sin embargo, el avance del conteo en la región metropolitana de Lima —bastión fujimorista— y los sufragios del exterior voltearon la balanza.
La tensión se apodera de las calles. Sánchez, quien se presenta como heredero del encarcelado Pedro Castillo, denunció “acontecimientos extraños” y solicitó una reunión con observadores internacionales. Sus simpatizantes tomaron las afueras del Jurado Nacional de Elecciones en Lima, siendo dispersados con chorros de agua.
El punto crítico reside en el 1.76% restante. Aproximadamente 400,000 votos fueron marcados para revisión judicial, un proceso que podría extenderse por semanas y definir al próximo gobernante para el periodo 2026-2031.
Este es el cuarto intento de Fujimori por llegar a Palacio. Tras caer en 2011, 2016 y 2021, la candidata promete gobernar bajo el legado de su padre, a quien atribuye la estabilidad económica y la derrota del terrorismo. Perú, nación que ha tenido nueve presidentes en diez años, espera el veredicto final.
