Sheinbaum celebra “cambio muy importante” en Cuba: giro al libre mercado

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Cuauhtémoc, Ciudad de México, México, 19 de junio de 2026. La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos en conferencia de prensa matutina, “Conferencia del Pueblo” desde el Salón Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de Turismo; Octavio de la Torre, presidente Concanaco Servytur y Bulmaro Juárez Pérez, divulgador de lenguas originarias, presentador de la sección “Suave Patria”. Foto: Juan Carlos Buenrostro / Presidencia

La Presidenta ve señales de inversión y propone ruta diplomática: si hay interés mexicano, hay contacto con Relaciones Exteriores.

Clima de giro en Cuba. Claudia Sheinbaum Pardo calificó como “un cambio muy importante” la decisión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que aprobó por unanimidad un programa amplio de reformas orientadas al libre mercado. En su lectura, lo más relevante no es solo el papel: es el objetivo declarado alrededor de la inversión y la forma en que el gobierno cubano intenta atraer recursos.

La mandataria conectó la aprobación con un mensaje directo hacia quienes podrían invertir. Señaló que Cuba estaría impulsando ese movimiento pensando en captar inversión, incluso con un llamado a cubanos que dejaron la isla desde hace tiempo para que vuelvan a considerar inversiones en el país. En ese punto, Sheinbaum destacó lo que interpretó como reconocimiento: el movimiento del gobierno, junto con su pueblo, apunta a una conversación económica distinta.

A partir de ahí, el discurso se volvió más práctico. Sheinbaum no dejó el tema en el plano de los comentarios: planteó el siguiente paso para México. Si empresarios y empresarias mexicanas decidieran invertir en la isla, dijo que podrían acercarse a la Secretaría de Relaciones Exteriores para buscar algún contacto “especial”, es decir, un canal diplomático para establecer relaciones o coordinación.

Ese marco ocurre mientras la propia información de Cuba describe el contexto político de la medida. La Asamblea aprobó el jueves, en una reunión extraordinaria, un programa amplio por unanimidad. El texto indica que se trata de un giro “inédito” para la isla comunista, situada —según el relato— en una profunda crisis económica, bajo presión de Washington. Es decir, el movimiento se presenta no como un ajuste menor, sino como una respuesta que intenta mover la economía en un momento de estrés.

El anuncio en territorio cubano se apalancó en una votación masiva. Más de 400 diputados fueron llamados a pronunciarse sobre 176 propuestas. Esas propuestas, según el contenido base, se presentaron poco antes por el primer ministro, Manuel Marrero. La secuencia que queda dibujada es intensa: una batería de propuestas que llega “poco antes” del pronunciamiento parlamentario y que aun así termina en unanimidad, lo que sugiere consenso dentro del órgano legislativo.

La forma del voto también se integra a la reconstrucción. Los cambios fueron aprobados a mano alzada, detalle que subraya la rapidez del acto y el carácter decidido de la sesión. Y el alcance del paquete, además, aparece descrito como amplio: abarca numerosos sectores de la economía, desde la organización de empresas privadas y estatales hasta el sistema bancario.

En el listado de reformas se mencionan cambios en turismo, agricultura, inversión extranjera, impuestos, salarios y mercado cambiario, entre otros. No es un catálogo aislado: son piezas que, según el propio texto, abarcan desde la estructura productiva hasta los mecanismos de funcionamiento financiero y de intercambio. En términos de impacto inmediato, esto coloca la reforma como un “marco” para reordenar la economía, no como una respuesta limitada a un solo sector.

Ahí es donde el discurso de Sheinbaum encuentra su punto de tensión. Por un lado, celebra el “cambio muy importante” y lo asocia a inversión, a llamados a cubanos en el exterior y a un reconocimiento del gobierno con su pueblo. Por el otro, traduce lo ocurrido en una ruta para actores mexicanos: si hay inversión, hay contacto con Relaciones Exteriores.

Así, el mensaje final queda definido por una consecuencia: la aprobación en Cuba por unanimidad no solo es noticia interna; puede abrir un puente con México a través de la vía diplomática y de la decisión de inversionistas. Para Sheinbaum, la ventana se abre si se activa el interés empresarial: el gobierno cubano ya movió el tablero; ahora, dice en esencia, toca que otros se acerquen y gestionen el contacto.

El cierre, entonces, no es un brindis político, sino una instrucción indirecta sobre cómo aprovechar el momento. El giro a favor del libre mercado, reforzado por el voto unánime y por el paquete de reformas, se convierte—en el relato—en la señal que México debe leer con atención si busca canales de inversión e interacción con la isla.

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