Tercer colapso eléctrico en 2026: la UNE confirma desconexión total del sistema

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Se indagan causas tras una caída completa de la red nacional, mientras el país queda limitado por combustible insuficiente.

La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) reportó una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional: es el tercer colapso de 2026. En su comunicación en X, la entidad precisó que el evento ocurrió de forma completa, que se realizan las investigaciones correspondientes y que se seguiría informando sobre lo sucedido.

El episodio llega en un escenario ya degradado: durante 2026 se han repetido colapsos dentro del año, y a la par los apagones en todo el territorio se han prolongado por más de 20 horas diarias. La red, que requiere continuidad para sostener la generación y la distribución, vuelve a quedar expuesta a fallos en cadena cuando faltan recursos para mantener la estabilidad operativa.

Desde el Ministerio de Energía y Minas se reconoció el problema de fondo: Cuba no dispone de combustible suficiente como para mantener funcionando la red de pequeñas estaciones de generación. A esa limitación se suma que las termoeléctricas estarían operando con crudo nacional, bajo un marco de restricciones adicionales que, según el propio relato oficial, intensifican la crisis energética.

La situación no se explica solo por el momento del apagón. También se describe un deterioro tecnológico: las centrales termoeléctricas, operando con tecnología obsoleta, enfrentan condiciones que complican su respuesta cuando se acumulan tensiones en el sistema. En otras palabras, el colapso no aparece como un hecho aislado, sino como el resultado de una combinación de carencias energéticas y desgaste estructural.

El cuadro se agrava a raíz de la evolución de los suministros de combustibles. El texto base señala que la crisis se intensificó después de una operación militar de EEUU en Venezuela, donde fueron secuestrados Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Tras ese operativo, el presidente de EEUU, Donald Trump, aseguró que Cuba no recibiría más crudo ni dinero proveniente de Caracas.

Además, el 29 de enero, Trump firmó un decreto que autoriza aranceles a las importaciones de los países que suministran petróleo a Cuba. En el documento base se enmarca la decisión como parte de la declaración de un estado de emergencia debido a una supuesta amenaza cubana a la seguridad nacional de EEUU. La consecuencia descrita fue clara: la escasez de combustible se profundizó y con ella el impacto se extendió más allá de la generación eléctrica.

El efecto se reflejaría en el funcionamiento diario del país: afectaciones en el transporte, en la producción de alimentos, en la atención médica y en la educación. El Gobierno cubano sostiene que Washington usa el cerco energético para asfixiar la economía y volver insoportables las condiciones de vida de la población. Bajo esa misma lectura, se citan datos oficiales: en lo que va de año habría llegado a la isla un solo barco ruso, como donativo, con 100.000 toneladas de crudo.

En ese contexto, la confirmación de la UNE no solo implica un evento técnico: marca un punto de tensión sobre la capacidad real del sistema para sostenerse cuando la disponibilidad de combustible y el estado de las instalaciones chocan con los límites operativos. “Se investigan las causas”, dice el comunicado; pero la realidad descrita en el propio relato ya deja ver la urgencia. La tercera desconexión total en 2026 evidencia que la crisis energética no se detuvo: se reordenó, volvió y golpeó con más fuerza.

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