Consulta pública para reglas de audiencias: veracidad,  quejas y límites para radio TV

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El gobierno abre un proceso del 27 de julio al 21 de agosto; pide participación para aterrizar derechos en radio y televisión.

La señal llegó con urgencia reglamentaria: el gobierno federal anunció una consulta pública para definir lineamientos con los que se harán efectivos los derechos de las audiencias en radio y televisión. No es una discusión menor ni distante. A partir de este periodo, el país tendrá frente a sí reglas que impactan directamente cómo se informa, cómo se distingue entre contenidos y cómo se atienden quejas.

Detrás del anuncio, la presidenta Claudia Sheinbaum colocó el origen del plan en la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones. Explicó que los lineamientos se construyeron con base en la nueva Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión y que, por el diseño institucional del órgano, cuentan con autonomía técnica. El punto político de fondo quedó claro: el Ejecutivo no lo presentó como un texto improvisado, sino como un marco que ya viene armado desde la comisión reguladora.

Sheinbaum detalló el calendario para participar: la consulta estará abierta del 27 de julio al 21 de agosto. En esa ventana podrán intervenir concesionarios, radios comunitarias, organizaciones civiles, académicos y también la ciudadanía. La idea, según dijo, es sencilla pero directa: que todas y todos conozcan en qué consisten los lineamientos antes de que se emitan en su versión final.

La mandataria además marcó el alcance del ajuste. Subrayó que las disposiciones aplican a radio y televisión, sin abarcar prensa escrita ni plataformas digitales. Ese recorte delimita el terreno del debate y acota el tipo de obligaciones que se intentan activar.

En la misma intervención, la consejera jurídica del Ejecutivo, Luisa María Alcalde, empujó la reconstrucción histórica. Señaló que los lineamientos desarrollan lo previsto en la nueva legislación y que “recuperan plenamente” derechos que, dijo, fueron eliminados por una reforma en 2017 y después invalidada por la Suprema Corte. El mensaje era de corrección institucional: no se parte de cero, sino de un regreso a garantías de las audiencias.

Ahí comenzó la parte más sensible del planteamiento: los lineamientos no son aspiraciones generales, sino obligaciones para distintas figuras del ecosistema. Alcalde indicó que aplican a concesionarias de televisión abierta, televisión de paga, radio y programadoras de uso comercial, público y social. Es decir, la regla busca tocar a los actores que producen y distribuyen contenido en el espectro regulado.

Entre los derechos que se pretende asegurar, se enumeraron varios que funcionan como estándares mínimos: recibir información veraz y oportuna; diferenciar con claridad entre información noticiosa y opiniones; distinguir publicidad de contenidos informativos; ejercer derecho de réplica ante información falsa o inexacta; y fortalecer la accesibilidad para personas con discapacidad.

En términos operativos, la consejera detalló el mecanismo para que esa distinción no se quede en lo declarativo. Los medios deberán identificar cuándo un contenido corresponde a opinión y cuándo se trata de información noticiosa mediante mensajes, plecas o cortinillas, y también deberán señalar de forma explícita cuándo existe publicidad. Para Alcalde, el criterio es que ambos ámbitos se reconocen, pero deben presentarse como lo que son.

En la misma lógica, entraron a escena “códigos de ética” y defensorías. Los lineamientos obligarán a las concesionarias a contar con un código de ética y a designar una persona defensora de las audiencias, encargada de recibir y atender quejas. Esas reglas internas deberán incluir los derechos de las audiencias, criterios editoriales para garantizar información veraz y los mecanismos para presentar inconformidades.

La tensión social aparece cuando se especifica el tipo de pertenencia exigida. En radios y televisoras comunitarias, indígenas y afromexicanas, la persona defensora deberá pertenecer a la propia comunidad. No es un detalle administrativo: define quién interpreta, quién recibe inconformidades y cómo se procesan dentro de contextos comunitarios específicos.

Alcalde explicó el flujo de la queja. Cuando una audiencia presenta un reclamo, la defensoría solicita información al medio. Si detecta una vulneración, emite una recomendación. Si el medio no la atiende, el caso puede escalar a la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones y, como última instancia, derivar en sanciones. Aquí el punto crítico es el “último recurso”: se plantea que la vía principal será autorregulación y resolución interna, con consecuencias solo en escenarios reiterados o sin corrección.

El gobierno también insistió en el marco temporal. Las defensorías tendrán hasta 20 días para resolver las quejas. Ese plazo limita la espera y presiona para que la atención no se vuelva indefinida.

Pero cuando se abrió el debate sobre censura, el discurso tomó un rumbo defensivo. Sheinbaum negó la interpretación de que estos lineamientos estén pensados para callar o castigar. Rechazó que el objetivo sea “multar”, y sostuvo que la intención es fortalecer la autorregulación: primero, que cada medio se haga responsable con su persona defensora y su código de ética, y que sean esos mecanismos internos los primeros encargados de atender inconformidades.

Con ese argumento, la presidenta amarró el sentido de fondo: fortalecer la información veraz y la diferencia entre opinión e información. Luego dejó un llamado directo para la etapa de consulta: participar antes de que el documento llegue a su versión definitiva.

En conjunto, el anuncio dibuja una ruta regulatoria con dientes: identificación clara de contenidos, códigos éticos, defensorías con plazos, un esquema de quejas y una escalera de consecuencias solo al final. La pregunta que queda flotando es quién ganará la batalla por la forma en que se informa: el sistema interno de autorregulación o la intervención sancionadora cuando no haya corrección.

La clave, según el propio gobierno, es que no se trata de imponer, sino de asegurar que la información se reconozca como tal… y que las audiencias tengan una vía real para exigir respuesta.

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