Señalamientos patrimoniales contra Viggiano desatan exigencia presidencial de transparencia total

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La mandataria condiciona la legitimidad de los bienes públicos a la coherencia entre ingresos y egresos declarados, mientras el caso escala.

La congruencia entre lo que se gana y lo que se gasta. Ese es el eje que la Presidenta Claudia Sheinbaum colocó este miércoles sobre la mesa al abordar los cuestionamientos que rodean el patrimonio inmobiliario de Carolina Viggiano Austria, secretaria general del PRI y senadora de la República.

El pronunciamiento no fue menor. Desde el Salón Tesorería, la titular del Ejecutivo federal transformó una pregunta sobre investigaciones periodísticas en un llamado directo a la rendición de cuentas. “Tiene que haber relación entre tus ingresos y tus egresos”, sentenció, al tiempo que reclamó transparencia absoluta para quienes ejercen funciones públicas.

El caso que detonó la reacción presidencial involucra al menos dos inmuebles de alto valor. El primero, un departamento ubicado en el complejo Puerta Alameda, en el corazón del Centro Histórico de la capital. Según los registros difundidos, la operación se habría concretado en 4 millones 250 mil pesos, aunque el valor comercial estimado del inmueble ascendería a 5 millones 790 mil pesos. La diferencia entre el precio pactado y el valor de mercado encendió las alarmas.

El segundo frente es aún más delicado. Una residencia en Lomas de Chapultepec, una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, cuyo valor estimado supera los 40 millones de pesos. La magnitud de la cifra contrasta con el perfil salarial de una funcionaria pública y legisladora.

Lejos de esquivar el tema, Sheinbaum Pardo redirigió la presión hacia el ámbito de la fiscalización. “Pues que se investigue de dónde llegaron los recursos”, espetó. Y añadió un elemento técnico que busca blindar su postura: las declaraciones patrimoniales existen precisamente para conocer bienes, ingresos e intereses de los servidores públicos.

El punto de mayor tensión llegó cuando la Presidenta introdujo un matiz incómodo para el ecosistema mediático. Evidenció lo que consideró una cobertura desigual: los escándalos patrimoniales de figuras opositoras reciben una atención sistemática, mientras que los de militantes de la 4T parecen transitar por otro carril. No lo dijo como denuncia formal, pero el mensaje quedó flotando en el aire.

La exigencia presidencial, sin embargo, no distinguió colores partidistas. Sheinbaum fue enfática: lo procedente es investigar y reportar, sin importar la filiación de los involucrados. La transparencia, dijo, no es un adorno discursivo.

Para Viggiano Austria, el cerco informativo se estrecha. Para el gobierno federal, el episodio representa una prueba de consistencia: la misma vara para medir el patrimonio de propios y extraños. La pelota queda en el terreno de las investigaciones y, sobre todo, en la capacidad de las instituciones para explicar de dónde salieron los millones.

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