“La guerra frontal de Trump contra los cárteles: ¿Operación efectiva o retórica inflamada?”
En un tono que mezcla triunfalismo y advertencia, Tom Homan, el zar fronterizo de la administración Trump, lanzó desde la Casa Blanca una declaración que resonó en ambos lados del Río Bravo: “Estamos cumpliendo nuestra promesa de borrar a los cárteles de la faz de la Tierra”. La afirmación, cargada de beligerancia, llegó acompañada de datos que pretenden demostrar el éxito de la estrategia fronteriza republicana: una reducción del 50% en incautaciones de fentanilo y pérdidas millonarias para las organizaciones criminales.
Homan, conocido por su discurso duro durante su etapa como director de ICE, presentó lo que llamó “el modelo Trump”: agentes fronterizos dedicados exclusivamente a labores de seguridad, “no cambiando pañales ni trasladando migrantes a hospitales”. Según sus cifras, esta reorientación operativa ha permitido desarticular rutas de narcotráfico que florecieron, asegura, durante la era Biden.
El escenario elegido para el anuncio no fue casual: la Sala de Prensa de la Casa Blanca, con la bandera estadounidense de fondo. Allí, Homan defendió el uso de órdenes ejecutivas como herramienta clave para lograr lo que calificó como “la frontera más segura en la historia de EE.UU.”, aunque evitó profundizar en los costos humanos de estas políticas.
Sobre México, el mensaje fue paradójico: mientras se jactaba de debilitar a los cárteles (implícitamente reconocidos como actores transnacionales), eludió comentar sobre aranceles u otras medidas económicas. “Estamos haciendo más seguro a México”, afirmó, en lo que algunos analistas interpretan como un guiño al gobierno de Claudia Sheinbaum en vísperas de negociaciones comerciales clave.
