Miles Marchan por la Paz en Culiacán Tras Ola de Violencia del Cártel de Sinaloa

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CULIACÁN ALZA LA VOZ: UNA MARCHA MASIVA CLAMA POR LA PAZ EN MEDIO DE LA VIOLENCIA

Bajo el ardiente sol de Sinaloa, una marea humana teñida de blanco y portando carteles con mensajes de esperanza inundó las principales avenidas de Culiacán este domingo. Eran miles, más de veinte mil según los organizadores, que decidieron cambiar el miedo por valor y salir a las calles para exigir lo que debería ser un derecho fundamental: la paz. La Marcha por la Paz no fue un evento aislado; fue el grito colectivo de una comunidad que aún recuerda las cicatrices dejadas hace casi un año por una ola de violencia desatada por el cártel de Sinaloa, un episodio que marcó a fuego a la ciudad y que hoy impulsa su determinación por un futuro diferente.

La avenida Álvaro Obregón se convirtió en el escenario de esta manifestación de unidad. Desde la emblemática escalinata del templo de La Lomita hasta las puertas de la Catedral, una multitud compuesta por ciudadanos comunes, representantes de organizaciones civiles y empresarios locales caminó al unísono. El aire se llenó de consignas que resonaron como un mantra de resistencia: “En Culiacán somos más los buenos”, “Sinaloa es nuestro hogar” y, sobre todo, “Queremos paz”. Eran frases simples, pero cargadas de un profundo significado para quienes han vivido la violencia de cerca.

Desde la Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheinbaum no permaneció sorda a este clamor. En su conferencia mañanera, dirigió un mensaje directo a los marchistas, reconociendo su valor y asegurándoles que su gobierno está y seguirá trabajando para reducir los niveles de violencia en el estado. Reveló que el Gabinete de Seguridad mantiene su compromiso de visitar Culiacán cada quince días, una muestra de la atención federal al problema. Aunque admitió que hubo un preocupante incremento en los cuatro meses anteriores, destacó que agosto trajo una “reducción” y un “reforzamiento” en la estrategia de seguridad. Esta crónica narra el día en que Culiacán eligió no definirse por el miedo, sino por la esperanza de un mañana más tranquilo.

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