Más de 100 muertos en Gaza: 46 niños entre las víctimas de bombardeo israelí

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En medio de una frágil tregua, un nuevo ataque aéreo israelí en el campo de refugiados de Nuseirat deja más de 100 muertos, incluyendo decenas de niños. Mientras Hamás niega haber roto el alto el fuego, Trump respalda la ofensiva y Gaza se hunde en una crisis humanitaria sin precedentes.

La madrugada del 29 de octubre de 2025 se tiñó de polvo, sangre y silencio en el corazón de la Franja de Gaza. El ejército israelí lanzó una serie de bombardeos masivos contra viviendas y edificios en el campo de refugiados de Nuseirat, uno de los asentamientos más densos y vulnerables del enclave palestino. Las explosiones sacudieron barrios enteros, derrumbaron techos sobre familias dormidas y convirtieron calles en escombros humeantes.

Según fuentes de los hospitales locales y de la Defensa Civil Palestina, el saldo es devastador: 104 palestinos muertos, de los cuales 46 son niños, además de 253 heridos, muchos en estado crítico. Los equipos de rescate trabajan sin descanso bajo los escombros, con la angustiosa certeza de que el número de víctimas podría aumentar.

Israel justificó la ofensiva tras reportar la muerte de un soldado en una supuesta emboscada de Hamás en Rafah. Sin embargo, el movimiento islámico negó rotundamente haber atacado a fuerzas israelíes y reafirmó su compromiso con el alto el fuego vigente. “No hubo operación militar nuestra en el sur de Gaza”, declaró un portavoz, generando dudas sobre la proporcionalidad y los verdaderos motivos del ataque.

Mientras las ambulancias colapsan los pasillos de hospitales ya saturados, la crisis humanitaria se profundiza. La escasez extrema de medicinas, material sanitario y combustible —producto del bloqueo israelí— impide atender a los heridos. “No tenemos anestesia, ni antibióticos, ni oxígeno suficiente”, denunció un médico del hospital Al-Awda. Muchos pacientes mueren antes de recibir atención.

En Washington, el presidente Donald Trump respaldó sin titubeos la acción israelí: “Mataron a un soldado israelí y los israelíes respondieron, y deberían responder cuando eso ocurre”. Añadió que “nada va a poner en peligro el alto el fuego”, en una afirmación contradictoria, y calificó a Hamás como “una parte muy pequeña de la paz en Oriente Medio”, advirtiendo: “Si se portan bien serán felices, y si no, serán eliminados”.

Horas después del bombardeo, el ejército israelí anunció que volvería a aplicar el alto el fuego, tras “alcanzar decenas de objetivos terroristas”. Pero para las familias de Nuseirat, la paz ya no suena a esperanza, sino a promesa rota.

Según el Ministerio de Sanidad de Gaza, solo en octubre han muerto 211 personas y 597 han resultado heridas, la mayoría en dos picos de violencia que evidencian la fragilidad de cualquier tregua. Mientras el mundo observa, Gaza sigue atrapada en un ciclo de destrucción donde los niños pagan el precio más alto —no por ser combatientes, sino por existir en el lugar equivocado.

Este no es solo un conflicto territorial; es una emergencia humanitaria global. Y cada vida perdida es un recordatorio urgente: la paz no se construye con bombas, sino con justicia, diálogo y respeto al derecho internacional.

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