Latinoamérica en las urnas: miedo al ICE, pero sin silencio político

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A pesar de redadas, vigilancia federal y rumores de operativos migratorios, la comunidad latina en EE.UU. se prepara para votar masivamente este 4 de noviembre.

En las calles de Woodbridge, Virginia, Carlos Castro atiende a sus clientes en Todos Supermarket con una mezcla de orgullo y ansiedad. “Es algo que estamos sintiendo día y noche [el miedo a las redadas del ICE], y nos provoca mucha tristeza”, confiesa al New York Times. Pero pese al temor, Castro —como millones de latinos en Estados Unidos— tiene una decisión clara: saldrá a votar este 4 de noviembre.

La participación de la comunidad latina podría marcar un giro decisivo en las elecciones estatales y locales que se celebrarán este martes en estados clave como California, Nueva Jersey y Virginia. Aunque las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han sembrado miedo, organizaciones promotoras del voto aseguran que el nivel de intención de participación es tan alto como en comicios anteriores.

El contexto es tenso. El cierre parcial del gobierno ha aumentado el descontento, y a pocos días de la elección, el Departamento de Justicia desplegó monitores electorales en distritos con alta concentración latina, alegando denuncias republicanas sobre supuestas irregularidades en el voto por correo y anticipado. Algunos temen que se trate de una estrategia de intimidación, incluso una “trampa” para justificar operativos del ICE el día de la votación.

Ante los rumores, el ICE ha declarado oficialmente que no tiene operativos planeados para el día de la elección. Pero añadió una advertencia inquietante: si un agente “ve a un inmigrante sospechoso cerca de un centro de votación, lo detendrá”. Esta ambigüedad ha generado alarma entre activistas.

En Passaic, Nueva Jersey —ciudad donde el 60% de los residentes son latinos— el alcalde Héctor Lora respondió con firmeza: “Somos Jersey. Llegaremos a las casillas. Ejerceremos nuestros votos. Y expresaremos nuestra voz”. Su mensaje resuena como un acto de resistencia cívica.

Mientras tanto, la tensión crece. En Nueva Jersey, los republicanos acusan a funcionarios electorales demócratas de negarse a instalar cámaras en centros de votación, citando “reportes de irregularidades” como votos duplicados o nombres falsos. Los demócratas, por su parte, temen que la vigilancia federal sea un pretexto para desalentar la participación latina.

En California, el fiscal general Rob Bonta anunció una medida inédita: desplegará monitores propios para supervisar a los monitores del Departamento de Justicia, con el objetivo de detectar cualquier intento de interferencia electoral. “No permitiremos que se intimide a nuestra gente”, aseguró.

La situación ha escalado hasta el punto en que líderes como Héctor Sánchez Barba, presidente de Mi Familia Vota, denuncian acoso y vigilancia directa a promotores del voto: “Personas han seguido a nuestros promotores, acosado a nuestros promotores, y ahora hay que agregar a los camiones del ICE… Es algo en extremo preocupante”.

Sin embargo, lejos de paralizar a la comunidad, estas acciones parecen haber encendido un fuego cívico. Votar, hoy, es más que un derecho: es un acto de presencia, de pertenencia y de defensa colectiva. Y este 4 de noviembre, millones de latinos están decididos a hacerse escuchar —aunque el camino a las urnas esté vigilado.

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