China y EE.UU. sellan tregua comercial: aranceles reducidos y tecnología estratégica liberada

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Tras meses de tensiones y tarifas crecientes, Pekín y Washington anuncian una pausa histórica en su guerra comercial: aranceles recortados, soja liberada y tierras raras sin restricciones por un año.

Seúl, 6 de noviembre de 2025 — Lo que parecía un espiral sin fin de represalias comerciales entre las dos mayores economías del mundo ha dado un giro inesperado. El 5 de noviembre, el Ministerio de Finanzas de China anunció la suspensión por un año del arancel del 24% sobre una amplia gama de productos estadounidenses, manteniendo únicamente el gravamen base del 10%. La medida entrará en vigor el 10 de noviembre, en un gesto coordinado con la Casa Blanca que marca el inicio de una tregua comercial de facto.

Esta decisión no surge del vacío. Es el resultado directo del encuentro cara a cara entre el presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, celebrado el 29 de octubre en Seúl, al margen de la Cumbre del G20. Allí, ambos líderes acordaron desescalar su conflicto arancelario, que en 2025 había alcanzado niveles preocupantes: Washington imponía tarifas de hasta el 20% a productos chinos, mientras Pekín respondía con gravámenes del 24% y restricciones a exportaciones estratégicas.

Ahora, el deshielo es tangible. Un día antes del anuncio chino, el 4 de noviembre, Trump confirmó que Estados Unidos reducirá sus aranceles adicionales del 20% al 10%, también a partir del 10 de noviembre. Pero la contrapartida china va más allá de los números: eliminó los gravámenes de hasta el 15% sobre la soja y otros productos agrícolas estadounidenses —un alivio crucial para los estados rurales que respaldan al mandatario republicano— y, en un movimiento aún más significativo, suspendió las restricciones a la exportación de tecnología relacionada con las “tierras raras”.

Estos minerales, esenciales para la fabricación de motores eléctricos, baterías, sistemas de defensa y chips, habían sido utilizados por China como arma geopolítica en disputas anteriores. Su liberación temporal envía una señal clara: Pekín busca estabilidad, al menos por ahora.

Además, China anunció la eliminación de controles de exportación impuestos a 15 empresas estadounidenses, muchas de ellas vinculadas a la tecnología y la logística, también por un periodo de 12 meses. Según el comunicado oficial del Ministerio de Finanzas chino, todas estas medidas responden al “consenso alcanzado en las consultas económicas y comerciales” entre ambas naciones.

Para analistas, este acuerdo representa un respiro táctico más que una reconciliación estructural. Ambos gobiernos enfrentan presiones internas: Trump busca consolidar su base agrícola y manufacturera de cara a futuras elecciones, mientras Xi Jinping necesita estabilidad económica para cumplir con sus metas de crecimiento en medio de desafíos demográficos y financieros.

Sin embargo, la sombra de la desconfianza persiste. La tregua es temporal, y muchas de las tensiones subyacentes —propiedad intelectual, subsidios estatales, dominio tecnológico— siguen sin resolverse. Aun así, por primera vez en años, el mundo puede respirar aliviado: la guerra comercial entre EE.UU. y China ha entrado en pausa, y las cadenas globales de suministro lo celebran.

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