El Naufragio de los Nuevos Partidos: Ultraderecha se Queda sin Piso Mientras la Marea Rosa Aún Respira
En el complejo tablero de la política mexicana, donde las fichas se mueven constantemente, dos proyectos de ultraderecha se acercan a un fracaso estrepitoso. A pocos meses del cierre del proceso establecido por el Instituto Nacional Electoral (INE), las iniciativas “México Republicano” y “Viva México” del actor Eduardo Verástegui muestran números tan bajos que rayan en lo testimonial, mientras que el proyecto de la llamada “Marea Rosa”, “Somos México”, mantiene una lucha contra el tiempo que, aunque complicada, no está perdida.
Los datos, presentados por el periodista Obed Rodas para SinEmbargo, pintan un panorama desolador para la ultraderecha. Por un lado, el Movimiento “Viva México”, impulsado por la figura pública de Eduardo Verástegui, apenas ha logrado afiliar a poco más de 14 mil ciudadanos en lo que va del año. Por el otro, “México Republicano”, un proyecto de corte abiertamente trumpista presidido por Juan Iván Peña Neder y con participación de los estadounidenses Larry Rubin y Gricha Raether, se encuentra en una situación aún más crítica: solo 3,500 afiliados. El dato más revelador de su falta de estructura es que ninguno de los dos grupos ha celebrado una sola asamblea, requisito fundamental para su validación como partidos políticos.
En contraste, el partido que intenta capitalizar el descontento de la “Marea Rosa”, “Somos México”, compuesto por experredistas y exfuncionarios electorales, muestra una capacidad organizativa muy superior. Hasta el momento, han celebrado 180 asambleas distritales de las 200 requeridas, con un ritmo promedio de 29 asambleas por mes en los últimos cuatro meses, lo que les permitiría cumplir con este requisito clave. No obstante, su talón de Aquiles es la afiliación: con 111,228 militantes, ni siquiera alcanzan la mitad de los 256,030 requeridos, equivalentes al 0.26% del padrón electoral federal.
Detrás de “Somos México” se encuentran figuras políticas con experiencia, como el experredista Guadalupe Acosta Naranjo, el exsenador panista Emilio Álvarez Icaza, Edmundo Jacobo Molina (ex Secretario Ejecutivo del INE por 14 años) y Leonardo Valdés Zurita (ex consejero presidente del IFE). Su conocimiento del sistema les ha permitido avanzar en la estructura, pero el desafío de captar militantes sigue siendo monumental. El reloj del INE sigue corriendo, y mientras la ultraderecha parece condenada al olvido por su nula organización, la centroizquierda tiene una oportunidad, aunque sea mínima, de conseguir un lugar en el espectro político formal de México.
