De Asia al “patio trasero”: La nueva estrategia de seguridad de Trump declara a Latinoamérica zona de influencia exclusiva y la migración como amenaza principal
En las primeras horas de este viernes, la administración del presidente Donald Trump desveló un documento que busca redefinir la brújula estratégica de Estados Unidos para los próximos años. Titulado “Estrategia Nacional de Seguridad”, el texto marca un giro significativo: un reajuste de la presencia global estadounidense para centrarse más en América Latina y declarar una guerra frontal contra un fenómeno que considera una amenaza existencial: la migración masiva. Con este movimiento, Trump no solo busca cambiar prioridades, sino resucitar y actualizar un fantasma histórico: la Doctrina Monroe, ahora bajo su propio sello, el “Corolario Trump”.
El documento, concebido para desarrollar la visión “America First” (Estados Unidos Primero), reconoce que la política exterior reciente se había concentrado en Asia, y si bien sigue identificando a China como su principal competidor, anuncia una reorientación táctico-militar. “Washington reajustará su presencia militar global para hacer frente a amenazas urgentes en nuestro Hemisferio, y alejarnos de escenarios cuya importancia relativa para la seguridad nacional estadounidense ha disminuido”, reza el texto. En la práctica, esto podría significar un repliegue relativo de otras regiones y un incremento de recursos y atención en Latinoamérica.
El núcleo de esta nueva estrategia hemisférica es el mencionado “Corolario Trump”, una reinterpretación moderna de la Doctrina Monroe de 1823, que declaraba a América Latina fuera del alcance de potencias extranjeras. El documento afirma que Trump revive esta doctrina, con la que Estados Unidos consolidó su hegemonía frente a los europeos en lo que consideraba su “patio trasero”. Bajo este corolario, Estados Unidos buscaría acceso a recursos y ubicaciones estratégicas en la región (como el Canal de Panamá, mencionado implícitamente) y se aseguraría de que los países sean “razonablemente estables y bien gobernados” para, un objetivo clave, “prevenir y desalentar la migración masiva” hacia su territorio.
La migración es, de hecho, el segundo pilar de la estrategia. El documento es contundente: “La era de las migraciones masivas debe llegar a su fin. La seguridad de las fronteras es el elemento principal de la seguridad nacional”. Agrega que EE.UU. debe protegerse “contra las invasiones, no solo contra las migraciones descontroladas, sino también contra las amenazas transfronterizas como el terrorismo, las drogas, el espionaje y la trata de personas”. Esta declaración eleva el control migratorio al nivel de máxima prioridad estratégica, por encima de otras amenazas tradicionales.
La estrategia no es solo declarativa; se vincula con acciones ya en curso. Señala que la administración Trump “ha perpetrado 22 ataques a lanchas” en el Caribe –en referencia a los bombardeos a “narcolanchas”– con un saldo de al menos 87 muertos desde el 2 de septiembre, y está inmersa en una confrontación con el mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro. Aludiendo claramente a China, advierte que “negará a competidores de fuera del hemisferio la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales” en Latinoamérica.
La crónica que surge de este documento es la de una administración que, con lenguaje franco y agresivo, anuncia un retorno a la esfera de influencia tradicional pero con nuevas herramientas (ataques militares preventivos, presión económica) y un enemigo interno redefinido (el migrante). Es una estrategia que busca contener a China, controlar los recursos latinoamericanos y sellar sus fronteras, todo bajo el paraguas de un nuevo Monroeismo trumpista que promete más intervención, más presión y una visión de la seguridad centrada, como nunca antes, en el muro.
