Aumento de Sheinbaum Evidencia que el Sexenio de Calderón Tuvo el Peor Incremento Salarial del Siglo

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Del estancamiento a la recuperación: Cómo el anuncio salarial actual desentierra las cifras de un pasado de magros aumentos

Desde el Salón de la Tesorería en Palacio Nacional, el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum fue claro y contundente: a partir del 1 de enero de 2026, el salario mínimo general en México aumentará un 13%, pasando de $278.80 a $315.04 pesos diarios, lo que equivale a $9,582.47 pesos mensuales. Junto con el inicio del proceso para reducir la jornada laboral a 40 horas semanales, la noticia fue celebrada como un logro social. Sin embargo, detrás de los números proyectados hacia el futuro, el gobierno desempolvó una comparación histórica que buscaba marcar un contraste brutal: según sus cifras, el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) fue el periodo con el peor aumento real al salario mínimo en lo que va del siglo XXI.

El secretario del Trabajo, Marath Bolaños, fue el encargado de poner en contexto el anuncio. Explicó que el incremento para 2026 consolida una tendencia de crecimiento sostenido por encima de la inflación, acercando el ingreso al objetivo constitucional de cubrir 2.5 canastas básicas. Según los datos presentados, el salario mínimo ha recuperado 154.2% de su poder adquisitivo desde el inicio de los gobiernos de la Cuarta Transformación (4T), alcanzando su nivel más alto desde 1980. Este relato de recuperación exponencial sirvió como telón de fondo para una crítica mordaz a los gobiernos anteriores.

Bolaños precisó que este avance “contrasta de manera marcada” con lo ocurrido durante la administración de Felipe Calderón. Según las cifras oficiales exhibidas, en 2012, el último año de Calderón, el salario mínimo pasó de $57.46 a $59.82 pesos, un incremento de apenas $2.36 pesos, catalogado como “uno de los más bajos registrados”. En el panorama completo de su sexenio, el salario básico escaló de $50.57 pesos en 2006 a $62.33 pesos en 2012, lo que representa un aumento total de apenas 12 pesos en seis años, una cifra que, ajustada por inflación, se traduce en un crecimiento real mínimo o incluso negativo.

La revisión histórica no se detuvo en Calderón. El gobierno de Vicente Fox Quesada (2000-2006) tampoco salió bien librado: durante su mandato, el salario “se incrementó apenas ocho pesos”, según la exposición. El sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018) mostró un “crecimiento mayor”, pero aún “insuficiente para revertir la pérdida acumulada de poder adquisitivo” que se arrastraba desde décadas atrás. La narrativa oficial pintó un periodo de 18 años (2000-2018) donde la estrategia salarial, según ellos, se basó en “mantener alzas limitadas para evitar supuestos efectos inflacionarios”, una política que, a su juicio, sacrificó el bienestar de los trabajadores en aras de la estabilidad macroeconómica.

La crónica de este anuncio es, por lo tanto, doble. Por un lado, es la historia de un gobierno que celebra una política salarial activa como parte de su compromiso con la “recuperación del ingreso de las y los trabajadores”. Por el otro, es un ejercicio de memoria económica y contraste político. Al sacar las cifras de los sexenios panistas y del priista Peña Nieto, la administración de Sheinbaum no solo anuncia un aumento; utiliza ese anuncio como un martillo para golpear el legado de sus predecesores, presentando a la 4T no como una continuación, sino como una ruptura radical con un pasado de estancamiento salarial. El mensaje es que cada peso extra en el bolsillo de un trabajador en 2026 es también un recordatorio de los pesos que no recibió entre 2000 y 2018.

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