La verdad de Morena: Desmontando las mentiras de la derecha sobre la nueva Ley de Aguas

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“La Moreniza” Desenmascara: La Batalla por el Agua y las Falsedades de la Oposición

En el estudio donde se graba “La Moreniza”, el programa semanal de Morena que se ha convertido en trinchera comunicativa, la presidenta nacional del partido, Luisa María Alcalde, tomó asiento junto a un objetivo claro: desarmar, una por una, las “falsedades” que, según ella, la derecha había esparcido como pólvora sobre la recién aprobada Ley de Aguas. A su lado, las diputadas Patricia Armendáriz y Cintia Cuevas, y el diputado Armando Samaniego, armados no con discursos evasivos, sino con el texto de la ley, se prepararon para lo que llamaron una necesaria “clase de realidad”.

El episodio número 33 se transformó así en un tribunal de lo público. La acusación central fue grave: la oposición, encarnada en el bloque que ellos identifican como el “PRIAN”, había lanzado una campaña de desinformación tan agresiva que incluso había llegado a los oídos de los campesinos, sembrando el pánico. “Se le mintió hasta a los campesinos”, afirmó Alcalde, con tono de indignación contenida, sobre el rumor de que con la nueva ley el agua para sus labores estaría prohibida o que podrían ir a la cárcel por dar de beber a su ganado.

Frente a este panorama de temor inducido, los legisladores de Morena presentaron su defensa, que es la esencia misma de la ley. Patricia Armendáriz, con claridad técnica, explicó el núcleo de la reforma: “El derecho al agua era una asignatura que de manera natural, tenemos que meterla como parte de los Derechos Humanos”. No se trataba, insistieron, de quitar derechos, sino de consagrar uno fundamental. El objetivo declarado es “acabar con el acaparamiento en manos de unos pocos y establecer el acceso al agua como derecho humano”. Para la diputada Cintia Cuevas, el voto en contra de la oposición era síntoma de una visión caduca: “Estos personajes ‘frívolos’ no quieren aceptar que el agua no es un recurso privado, sino un bien de la Nación mexicana”.

Uno a uno, fueron desmontando lo que calificaron como “mentiras” específicas. Desmintieron que ya no se pudiera vender una parcela con sus concesiones de agua asociadas, aclarando que la ley regula y prioriza, pero no confisca. Desbarataron el alarmismo sobre el uso agrícola y pecuario, explicando que no hay penalización para el uso razonable y consuetudinario. La narrativa que construyeron fue la de una ley atacada no por su contenido, sino por lo que representa: un cambio de paradigma que desafía intereses establecidos.

La crónica de esa tarde en “La Moreniza”, sin embargo, no se limitó al debate legislativo. El ánimo viró hacia la celebración cuando la conversación derivó en la monumental “Marcha del Tigre” del 6 de diciembre, donde la presidenta Claudia Sheinbaum reunió, según sus cálculos, a más de 600 mil personas en el Zócalo capitalino. Cintia Cuevas, con emoción, lanzó una advertencia que resonó en redes: “Que nadie se meta con esta mujer tan valiente porque el tigre responde. Y el tigre respondió”. Armando Samaniego contrastó el evento con las manifestaciones opositoras, destacando con orgullo que en su marcha “no se rompió un solo vidrio” y primó la celebración pacífica.

Así, el episodio se cerró con dos relatos entrelazados: el de una ley fundamental defendida contra lo que perciben como una campaña sucia, y el de un movimiento político que se siente fortalecido, masivo y dueño de la calle. Una batalla por la narrativa del agua y una demostración de fuerza, todo en una misma mesa.

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