Sheinbaum condena intervención de EE.UU. en Venezuela y reafirma soberanía mexicana

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Tras el bombardeo estadounidense y la captura de Nicolás Maduro, la presidenta Claudia Sheinbaum reafirma la doctrina Estrada, rechaza la injerencia militar y define la relación con Washington: “Colaboración, coordinación, pero no subordinación”

En medio de una crisis geopolítica que sacude los cimientos del orden internacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, tomó la palabra con firmeza y claridad para condenar la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro. En una declaración enérgica, respaldada por la Secretaría de Relaciones Exteriores, Sheinbaum recordó que México no actúa por lealtades ideológicas, sino por principios constitucionales inquebrantables.

“Nosotros defendemos la doctrina Estrada y lo que representa la política exterior de nuestro país, que está establecida en la Constitución, que está en contra de las intervenciones y a favor de la solución pacífica de cualquier conflicto”, afirmó la mandataria, evocando una tradición diplomática centenaria que ha definido la identidad del Estado mexicano en el mundo.

La doctrina Estrada, formulada en 1930 por el canciller Genaro Estrada, sostiene que México no otorga ni retira reconocimiento a gobiernos extranjeros, respetando siempre el principio de autodeterminación de los pueblos. Sheinbaum subrayó que esta postura no implica un respaldo al régimen venezolano, sino un compromiso con el derecho internacional. “El artículo segundo de la Carta de Naciones Unidas establece claramente que no debe haber intervención militar, sino una solución multilateral dentro del marco de Naciones Unidas”, recordó.

Y fue categórica: “Condenamos esta intervención en Venezuela”. Un mensaje que, en un contexto donde varios partidos opositores en México celebraron la caída de Maduro, reafirma la coherencia histórica de la política exterior mexicana, incluso frente a presiones o narrativas dominantes.

Pero el desafío no termina ahí. Horas después del ataque a Caracas, Donald Trump volvió a acusar a México de estar “gobernado por cárteles”, reiterando su amenaza de intervenir en el país. Ante esto, Sheinbaum no cedió al pánico ni a la confrontación, sino que trazó una línea precisa en la relación bilateral: “Colaboración, coordinación, pero no subordinación”.

Reconoció que existen “muy buenas relaciones en términos de seguridad” y destacó los encuentros recientes con funcionarios estadounidenses, pero dejó claro que la soberanía nacional es innegociable. “Hay comunicación, hay entendimiento… pero México no acepta imposiciones”, subrayó, en una respuesta contundente a las declaraciones belicosas de Trump.

Respecto al futuro de las relaciones con Venezuela —ahora bajo supuesta administración provisional de EE.UU.—, Sheinbaum anunció prudencia: “Vamos a revisarlo con el equipo de gobierno y la Secretaría de Relaciones Exteriores, dentro del marco constitucional”. Una señal de que México no tomará decisiones apresuradas, sino que actuará con responsabilidad jurídica e histórica.

Al concluir, reiteró el compromiso de su gobierno: “Vamos a seguir manifestándonos en defensa de la soberanía de los pueblos y del derecho internacional”, en un momento en que esos principios están bajo asedio global.

En un hemisferio donde el poder parece imponerse sobre el derecho, la voz de México —firme, tranquila y constitucional— suena como un recordatorio: la paz no se construye con bombas, sino con respeto.

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