EE.UU. justifica invasión a Venezuela para “asegurar riqueza y recursos”

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El secretario de Guerra Pete Hegseth defiende la captura de Maduro como una operación estratégica para apoderarse de los recursos venezolanos sin “gastar sangre estadounidense”, marcando un giro histórico en la doctrina militar de Washington

En una entrevista que ha encendido las alarmas en todo el mundo, Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, justificó abiertamente los ataques aéreos masivos contra Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro como una maniobra para “asegurar el acceso a riqueza y recursos adicionales”. Sus palabras, emitidas en CBS News, representan una de las admisiones más explícitas de los verdaderos intereses detrás de la intervención: el control de las vastas reservas petroleras, minerales y estratégicas del país suramericano.

“Todo lo contrario [a Irak]”, afirmó Hegseth, trazando una comparación que muchos consideran incómoda pero iluminadora. “Gastamos décadas y décadas, adquirimos con sangre y no obtuvimos nada a cambio. El presidente Trump da vuelta a la situación: mediante acciones estratégicas, podemos asegurar el acceso a riqueza y recursos adicionales, lo que permitirá al país aprovecharlos sin tener que gastar sangre estadounidense”.

La frase, pronunciada con frialdad tecnocrática, revela una nueva doctrina de guerra híbrida: operaciones rápidas, precisas y con fuerzas especiales, diseñadas no para instalar democracia, sino para garantizar el flujo de materias primas críticas hacia el mercado estadounidense. En este nuevo paradigma, la soberanía de los Estados se subordina a la seguridad energética y económica de Washington.

Hegseth fue aún más lejos. “Actualmente, el presidente Donald Trump establece los términos para gobernar Venezuela”, declaró, confirmando lo que Trump había anunciado horas antes: EE.UU. dirigirá la política del país sudamericano hasta que considere que se ha logrado una “transición segura”. “Vamos a controlar lo que suceda después, debido a esta valiente decisión. El presidente Trump ha demostrado el liderazgo estadounidense”, añadió.

Las declaraciones cierran el círculo de una operación que comenzó con bombardeos en Caracas, continuó con el secuestro de Maduro y su traslado a Nueva York, y ahora se consolida con la administración directa del Estado venezolano por parte de funcionarios estadounidenses. El pretexto del “narcoterrorismo” ha dado paso a una narrativa más cruda: Venezuela es un activo estratégico que ya no puede permanecer en manos “equivocadas”.

Mientras tanto, en Caracas, el gobierno residual —encabezado por Delcy Rodríguez— insiste en que Maduro sigue siendo el único presidente legítimo y exige su liberación inmediata. Rusia, China y varios países latinoamericanos han condenado la intervención como una violación flagrante del derecho internacional, pero en Washington, esas críticas son vistas como meros obstáculos retóricos.

Lo que está en juego trasciende a Venezuela. Si EE.UU. puede invadir un país, secuestrar a su líder y asumir el control de sus recursos bajo el argumento de “interés nacional”, ninguna nación rica en petróleo, litio o tierras raras está a salvo. Y en esta nueva era de realpolitik, la diplomacia ha sido reemplazada por la logística de ocupación.

La entrevista de Hegseth no solo es una justificación: es una advertencia. El mundo ya no se divide entre aliados y enemigos, sino entre quienes colaboran con el orden estadounidense y quienes deben ser “reconfigurados”. Y Venezuela, por desgracia, ha sido el primer laboratorio de esta nueva política exterior.

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