El tratado que une a América del Norte se tambalea bajo el desdén de Trump
En medio del rugido de las líneas de ensamblaje del complejo automotriz de Ford en Dearborn, Míchigan, Donald Trump lanzó una frase que resonó más allá de la fábrica: “El T-MEC es irrelevante”. Con tono despectivo y gesto de indiferencia, el presidente estadounidense respondió así a una pregunta sobre la posible renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, vigente desde 2020.
“No me importa. Podríamos tenerlo o no, da igual”, afirmó Trump durante su visita a la planta, donde celebró el “trabajo asombroso” de la industria automotriz local. Pero su mensaje fue claro: EE.UU. no necesita autos hechos en México ni en Canadá. “Los queremos hechos aquí”, sentenció, reforzando su visión proteccionista que prioriza la producción nacional por encima de la integración regional.
Aunque el T-MEC tiene una cláusula de revisión en 2026 y vence en 2036, Trump aseguró que “caduca muy pronto” y sugirió que podría dejarlo expirar o imponer un nuevo acuerdo a su medida. Incluso minimizó su importancia para EE.UU.: “Creo que lo quieren [los canadienses]. Realmente no me importa”. Según él, sus vecinos dependen de los productos estadounidenses, pero no al revés.
Sus declaraciones llegan en un momento de máxima tensión bilateral. Hace semanas, Trump amenazó con enviar al Ejército estadounidense a atacar instalaciones del narcotráfico en territorio mexicano, una propuesta que generó rechazo generalizado en México y puso en jaque la cooperación diplomática. Justo ahora, mientras funcionarios mexicanos y canadienses trabajan en fortalecer el tratado, Trump lo reduce a una pieza prescindible en su tablero geopolítico.
Pero en el sur de la frontera, la postura es diametralmente opuesta. La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido el T-MEC como “la única forma de enfrentar con éxito la competencia económica y comercial con China”. Para México, el tratado no es un capricho: es una herramienta estratégica que integra cadenas productivas, garantiza inversiones y protege millones de empleos en sectores como el automotriz, el agroalimentario y la manufactura.
El contraste no podría ser más evidente. Mientras Trump ve el T-MEC como una concesión innecesaria, México lo considera un escudo colectivo frente al gigantismo asiático. Y aunque EE.UU. tiene el mayor mercado del bloque, su economía también se beneficia enormemente: en 2024, el comercio trilateral superó los 1.8 billones de dólares, y más del 70% de las exportaciones mexicanas van a suelo estadounidense —muchas de ellas con valor agregado estadounidense.
Detrás de las palabras de Trump hay una estrategia electoral: apelar a su base industrial del Medio Oeste con retórica nacionalista. Pero si decide desmantelar el T-MEC, no solo afectará a Canadá y México, sino a miles de empresas estadounidenses que dependen de insumos regionales para competir globalmente.
Por ahora, el tratado sigue en pie. Pero con Trump al frente, su futuro pende de un hilo… tejido con intereses políticos, no económicos.
