Entre la fanfarria y la ficción: Trump declara una “operación impecable” en Venezuela con cientos de muertos y el secuestro de Maduro
En una declaración que sacudió las redes diplomáticas y mediáticas, el presidente estadounidense Donald Trump se jactó este martes de haber ordenado un ataque militar contra Venezuela, calificándolo como “increíble” e “impecable”, pese a que, según sus propias palabras, dejó más de un centenar de víctimas fatales, daños en infraestructura crítica y concluyó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
Durante una alocución pública en Washington, Trump comparó la operación con el asesinato del general iraní Qassem Soleimani en 2020, pero elevó el tono triunfalista: “Ni siquiera en Venezuela estuvo tan mal… Estamos trabajando con el pueblo venezolano. Lo logramos”. La narrativa, cargada de júbilo y desprecio por las normas internacionales, ignoró por completo las graves violaciones al derecho internacional humanitario que implicaría una invasión unilateral y el arresto de un jefe de Estado soberano.
Pero más allá de lo militar, Trump enfocó su discurso en lo económico. Afirmó que Estados Unidos ya recibe 50 millones de barriles diarios de petróleo venezolano, valorados en más de 5,000 millones de dólares al día —una cifra que supera con creces la producción total mundial actual—, y se refirió al crudo suramericano como si fuera propiedad de Washington. “Como dije, millones y millones de barriles… Los barcos más grandes transportan un millón. Tenemos 50 millones”, dijo, en una afirmación técnicamente inverosímil.
Se autoproclamó “el mayor fan de Venezuela” y aseguró que su gobierno está “recuperando a Venezuela con esteroides”, mientras anunciaba que EE.UU. ejercerá control unilateral e indefinido sobre la industria petrolera venezolana, autorizando únicamente las ventas que considere convenientes. Además, advirtió que no dudará en usar nuevamente la fuerza si sus “objetivos” no se cumplen.
Sin embargo, desde Caracas, la versión oficial contrasta drásticamente. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, negó cualquier ocupación o entrega forzosa. Aseguró que Petróleos de Venezuela (PDVSA) sí mantiene negociaciones comerciales con la Casa Blanca, pero bajo principios de “legalidad, transparencia y beneficio mutuo”. “Venezuela está abierta a relaciones energéticas donde todas las partes estén beneficiadas”, declaró, insistiendo en la existencia de contratos legítimos, no de saqueo.
La brecha entre ambas narrativas es abismal: mientras Trump celebra una victoria imperial, Venezuela insiste en la cooperación soberana. Pero lo más preocupante es el mensaje subyacente: la normalización del uso de la fuerza como herramienta de política exterior, la mercantilización de recursos ajenos y la negación del derecho a la autodeterminación de los pueblos.
En un mundo ya fracturado por guerras y sanciones, las palabras de Trump no solo desafían el orden jurídico internacional; lo entierran bajo el peso de la arrogancia. Y aunque la realidad pueda contradecir su relato, el peligro radica en que, para sus seguidores, la ficción se convierte en justificación para la acción.
