Delcy Rodríguez: ‘Iré a Washington de pie, no arrastrada

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En un discurso cargado de simbolismo y firmeza, la presidenta encargada de Venezuela desafía a EE.UU. y reafirma la soberanía nacional tras la detención de Nicolás Maduro.

Caracas, 15 de enero de 2026 — En un hemiciclo colmado de diputados y bajo una atmósfera de duelo y resistencia, Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela en ausencia del detenido Nicolás Maduro, pronunció su mensaje anual ante la Asamblea Nacional con una frase que ya resuena en toda Latinoamérica: “Si algún día me tocase ir a Washington, lo haré de pie, no arrastrada”.

El discurso, pronunciado en cumplimiento de las leyes venezolanas y en medio de una crisis diplomática sin precedentes, comenzó con un minuto de aplausos dedicado a “los héroes y heroínas que murieron en combate contra el agresor invasor”. La alusión era clara: la operación militar unilateral de Estados Unidos del 3 de enero, que culminó con la detención del presidente Maduro y su esposa, Cilia Flores, en territorio venezolano —un hecho que Caracas califica como una violación flagrante de su soberanía.

Rodríguez no dudó en calificar la incursión estadounidense como “una mancha en la relación entre Venezuela y Estados Unidos”, pero subrayó que su gobierno no actuará por venganza, sino por principios. “No tenemos miedo a encarar diplomáticamente, a través del diálogo político, como corresponde, y resolver, de una vez y para siempre, esta contradicción histórica”, afirmó con voz firme.

Más allá del reproche, la mandataria lanzó un llamado a la unidad nacional transversal: “Defender la dignidad de Venezuela corresponde a todo el pueblo, sin importar las posturas políticas individuales”. En un país profundamente dividido, la apelación a la patria por encima de ideologías busca tejer un frente común frente a lo que considera una agresión imperial.

Uno de los ejes centrales de su intervención fue la defensa del derecho soberano de Venezuela a establecer alianzas internacionales. “Venezuela tiene derecho a relaciones con China, Rusia, Cuba e Irán”, declaró, en respuesta directa a las presiones de Washington para que Caracas rompa lazos con estos países. Para Rodríguez, la política exterior no es negociable: es un pilar de la independencia nacional.

La tensión entre ambos países ha escalado desde la operación del 3 de enero, que EE.UU. justificó como una acción antinarcóticos, pero que Venezuela denuncia como una intervención militar encubierta. La detención de Maduro —figura central del chavismo— ha generado condenas en varios países de la región y ha reabierto viejas heridas sobre la injerencia estadounidense en América Latina.

En este contexto, el discurso de Rodríguez no solo fue un informe de gobierno, sino un acto de resistencia simbólica. Al evocar la imagen de caminar “de pie” en Washington, retoma un discurso histórico de líderes latinoamericanos que han enfrentado al poder hegemónico sin doblegarse. Es un mensaje dirigido tanto a la comunidad internacional como a la oposición interna: Venezuela, dice, no se rinde.

Mientras el destino de Maduro y Flores permanece incierto, y mientras las sanciones económicas siguen asfixiando al país, el gobierno interino apuesta por la diplomacia de la dignidad. No con armas, sino con palabras contundentes. No con sumisión, sino con soberanía. Y en ese escenario, Delcy Rodríguez ha asumido el rol de vocera de una nación que, según sus palabras, prefiere morir de pie que vivir de rodillas.

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