Sheinbaum denuncia a la oposición: ‘Fraudulentos del PRIAN se autoproclaman paladines de la democracia

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En una contundente intervención, la presidenta reescribe la historia reciente de México para exponer la hipocresía de quienes hoy critican al gobierno de la Cuarta Transformación, pero ayer avalaron fraudes, autoritarismo y políticas neoliberales.

Ciudad de México, 21 de enero de 2026 — La conferencia mañanera de este lunes se convirtió en un aula de historia política. Con voz firme y datos precisos, la presidenta Claudia Sheinbaum desmontó la narrativa de la oposición al calificarla como un conglomerado de antiguos actores del “PRIAN” —la alianza fáctica entre el PRI y el PAN— que, tras décadas de gobiernos neoliberales, ahora se erigen como “paladines de la democracia” mientras acusan al movimiento de izquierda de autoritario.

“Todos estos que hicieron fraudes electorales, todos estos que se convirtieron en el PRIAN, todos estos que formaron parte del modelo neoliberal que empobreció al pueblo, que quitó derechos, los que avalaron el fraude… ¡ahora son los paladines de la democracia!”, exclamó Sheinbaum, recordando episodios oscuros como el fraude electoral de 1988, el desmantelamiento del Estado social y la entrega de recursos nacionales a corporaciones extranjeras.

La mandataria trazó una línea clara entre dos visiones de país: por un lado, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), nacido como un movimiento social bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, que surgió del PRD para combatir la corrupción y la desigualdad; por otro, una élite política que, tras perder el poder en 2018, se reorganizó en torno a una retórica moralista para frenar los cambios estructurales impulsados por la Cuarta Transformación.

Y es en ese contexto donde Sheinbaum lanzó su crítica más ácida: la oposición en el Congreso anunció un foro titulado “Autoritarismo contra democracia”, al que la presidenta respondió con ironía y contundencia: “Más bien hay que organizar uno que se llame ‘Democracia y defensa de la nación contra los vendepatrias’”.

La frase no fue casual. Hace días, varios legisladores opositores viajaron a Estados Unidos para reunirse con funcionarios y medios conservadores, en lo que Sheinbaum interpretó como una búsqueda de injerencia externa para deslegitimar al gobierno mexicano. “Los que andan yendo a Estados Unidos a ver si les hacen caso”, dijo, subrayando que la verdadera traición no es ejercer el poder popular, sino apelar a potencias extranjeras para socavar la soberanía nacional.

Pero más allá de la confrontación, Sheinbaum reafirmó el núcleo filosófico de su proyecto: la democracia es, por definición, el gobierno del pueblo. No se trata de representar a las élites parlamentarias, ni a los intereses de corporaciones, sino a la diversidad real de México: mujeres, jóvenes, indígenas, trabajadores, campesinos. “¿Cómo va a haber democracia sin pueblo? Eso no existe”, sentenció.

Y en esa visión radica la propuesta de reforma electoral que su gobierno impulsa: “pueblo, pueblo, pueblo”. Un sistema donde los ciudadanos, no las cúpulas partidistas, decidan quiénes los representan. Donde los diputados plurinominales no sean figuras perpetuas, sino servidores temporales. Donde la política deje de ser un privilegio de casta y se vuelva un acto de servicio colectivo.

En un momento en que la oposición intenta capitalizar el miedo al cambio, Sheinbaum eligió contar la verdad incómoda: quienes hoy defienden la “democracia liberal” fueron los mismos que la violaron cuando les convenía. Y frente a eso, su respuesta no es solo política, sino histórica: el pueblo ya despertó, y no permitirá que le roben su futuro otra vez.

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