Entre balas y política: La SSPC atribuye a Los Chapitos el atentado que sacudió a Culiacán
La mañana en Baja California tenía un asunto pendiente que olía a pólvora y a intriga criminal. En la conferencia matutina del gobierno federal, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, se dirigió a los medios con la gravedad que exige un ataque contra representantes populares. Su declaración fue concisa pero demoledora: la investigación sobre el ataque armado contra diputados de Movimiento Ciudadano en Culiacán, Sinaloa, ya tiene un primer responsable identificado. “Tenemos conocimiento de que el ataque fue hecho por una célula de Los Chapitos”, afirmó Harfuch, señalando así a una de las facciones más temibles del Cártel de Sinaloa como autora material del atentado.
La crónica de este hallazgo, según el secretario, es el resultado de un trabajo de inteligencia y coordinación que aún está en desarrollo. Harfuch prefirió no entrar en detalles específicos, argumentando la necesidad de no entorpecer las pesquisas. Sin embargo, sus palabras dejaron claro que las autoridades ya tienen información relevante que les permitió trazar la línea hasta esa célula criminal. “Las indagatorias se mantienen en curso”, aseguró, subrayando la colaboración entre instancias federales y estatales para esclarecer por completo los hechos que conmocionaron la capital sinaloense. Prometió que en los próximos días se darían más avances, manteniendo en vilo a la opinión pública.
Mientras la investigación avanza, el aspecto humano de la tragedia no se descuida. García Harfuch confirmó que los diputados heridos, víctimas directas de la violencia, “cuentan con total custodia en el hospital”. Esta medida de resguardo total es parte del protocolo de seguridad activado tras el ataque, un intento por garantizar su seguridad en un momento de extrema vulnerabilidad. La escena del atentado –legisladores en movimiento por la ciudad, interrumpidos por el estruendo de las armas– había generado horas antes un amplio despliegue de fuerzas de seguridad y una ola de condenas unánimes desde todos los sectores políticos.
La crónica que ahora se escribe es la de un estado dentro del estado que osa atacar a la representación popular. La atribución del ataque a Los Chapitos, facción ligada a los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, no es un dato menor. Plantea preguntas urgentes sobre el motivo: ¿fue un mensaje, un ajuste de cuentas, un error? Harfuch, por ahora, guarda las respuestas. Pero su anuncio oficial marca un punto de inflexión: ya no se habla de un “grupo criminal” genérico, sino de un actor específico con nombre y apellido dentro del inframundo del narcotráfico. La batalla por la verdad judicial acaba de comenzar, y su primer capítulo tiene un protagonista siniestro.
