Cuba en alerta: la guerra que no es guerra

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La isla prepara su defensa mientras Washington endurece el cerco económico histórico.

La sala del Consejo de Defensa Nacional permaneció en silencio durante 47 minutos mientras los altos mandos revisaban mapas estratégicos y protocolos de movilización. No sonaban sirenas ni se movilizaban tanques. Era sábado y La Habana amanecía tranquila, ajena a los titulares internacionales que horas después anunciarían: “Cuba declara estado de guerra”.

“Con el objetivo de incrementar y perfeccionar el nivel de preparación y cohesión de los órganos de dirección y del personal, este sábado se reunió el Consejo de Defensa Nacional para analizar y aprobar los planes y medidas del paso al estado de guerra”, explicó Miguel Díaz-Canel en conferencia de prensa. Pero matizó con firmeza: “No está diciendo que pasamos al estado de guerra. Está diciendo que nos estamos preparando por si hay que pasar al estado de guerra en algún momento. Por lo tanto, la realidad es esta y todo lo demás es una manipulación”.

El bloqueo económico estadounidense contra Cuba acumula más de 65 años de vigencia, reconocido por el canciller Bruno Rodríguez como “el más prolongado y cruel jamás aplicado contra toda una nación”. La tensión escaló a finales de enero de 2026 cuando Donald Trump decretó emergencia nacional por una presunta amenaza cubana y firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles adicionales a países que suministren petróleo a la isla.

“El mundo no puede dejarse avasallar. El mundo no se puede dejar humillar. El mundo no puede permitir que la fuerza aplaste el multilateralismo”, afirmó Díaz-Canel. Su diagnóstico trasciende lo militar: “Estamos enfrentando, todos en el mundo, sin excepciones, una guerra que es política, que es ideológica, una guerra que tiene también un componente cultural y una guerra que tiene un componente comunicacional, mediático”.

El nudo del conflicto se tensó el 4 de febrero de 2026, cuando los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping sostuvieron una conversación telefónica centrada en el apoyo a Cuba. Horas después, Díaz-Canel declaró con convicción: “Les puedo asegurar, con todo sentido de responsabilidad, que Cuba no está sola”. Añadió que “hay mucha gente, gobiernos, países, instituciones, empresas que están dispuestas a trabajar con Cuba” pese a las presiones externas.

El canciller Bruno Rodríguez calificó las nuevas medidas estadounidenses como “brutal acto de agresión” que promete someter al pueblo cubano “a condiciones de vida extremas”. Mientras Washington endurece su cerco, La Habana activa su doctrina de resistencia civil: la “guerra de todo el pueblo”, concepto forjado tras la invasión de Bahía de Cochinos en 1961 y actualizado para enfrentar batallas en redes sociales, mercados energéticos y foros diplomáticos.

Las proyecciones apuntan a una confrontación prolongada donde el campo de batalla ya no es solo el Caribe, sino los flujos petroleros internacionales, los algoritmos de redes sociales y los pasillos de la ONU. Cuba apuesta por tejer alianzas Sur-Sur mientras Estados Unidos busca aislarla mediante sanciones secundarias.

En un mundo fragmentado, la isla caribeña se presenta como símbolo de resistencia frente al unilateralismo. Su preparación militar es también narrativa: defender no solo territorio, sino la idea de que pequeños Estados pueden desafiar imperios mediante cohesión interna y diplomacia estratégica.

El silencio del sábado en el Consejo de Defensa no era calma. Era el sonido de un país repasando sus defensas mientras el mundo observa, dividido entre quienes ven una provocación y quienes perciben el último bastión de un orden multipolar en gestación.

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