Sheinbaum rechaza narrativa de traición tras relevo en materiales educativos

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La mandataria federal subrayó que nadie posee el movimiento de transformación ni el espacio público, mientras defendió los cambios estratégicos en contenidos históricos.

“¿Dueño del movimiento? Eso no existe”. Con estas palabras, la presidenta federal desmontó la retórica que intenta convertir rotaciones administrativas en supuestas deserciones ideológicas. Durante su encuentro informativo matutino, Sheinbaum trazó una línea clara entre el debate legítimo sobre políticas públicas y la personalización destructiva que busca fragmentar el proyecto surgido en 2018.

El caso detonante fue la salida de Marx Arriaga de la dirección responsable de materiales educativos. Lejos de minimizar su aporte, la jefa del Estado destacó la labor “extraordinaria” desplegada por el exfuncionario en la concepción colectiva de los textos escolares alineados a los principios de la Nueva Escuela Mexicana. Sin embargo, estableció un principio no negociable: ningún servidor público puede considerarse propietario exclusivo de políticas construidas con recursos colectivos y destinadas al pueblo.

“Todos ocupamos un espacio en determinado momento”, reflexionó al recordar su propio recorrido: desde gestionar asuntos ambientales en el gobierno capitalino hasta recorrer colonias en tres entidades tocando puertas casa por casa, hasta llegar a la titularidad del Poder Ejecutivo por decisión popular. Este itinerario personal sirvió como metáfora del movimiento mismo: fluido, colectivo, sin dueños absolutos.

El punto de fricción radicó en la actualización de contenidos históricos para incorporar figuras femeninas marginadas en narrativas tradicionales. Sheinbaum enfatizó que negarse a evolucionar bajo el argumento de que ciertos logros son “patrimonio personal” contradice la esencia misma de un proyecto transformador. Los cambios no representan ruptura, sino enriquecimiento continuo.

Con firmeza, desactivó la bomba retórica de la “traición”: nadie abandona el movimiento al aceptar un nuevo encargo; nadie ofende al expresidente López Obrador al impulsar actualizaciones dentro del mismo marco ideológico. La verdadera amenaza, advirtió, reside en quienes se “suben a un ladrillo” creyéndose depositarios únicos de la pureza política, perdiendo contacto con la base social que dio vida al proyecto.

“Este movimiento se construyó con el pueblo”, sentenció. Y en esa frase reside el núcleo de su mensaje: mientras las decisiones respondan a las necesidades populares y no a egos institucionales, la transformación seguirá su curso sin fracturas artificiales.

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