Sheinbaum anunciará reforma para transformar el INM en organismo protector con nuevo nombre que refleja paradigma conceptual sobre desplazamientos poblacionales.
El término “migración” quedará atrás en los documentos oficiales mexicanos. La presidenta Sheinbaum reveló que en días próximos enviará al Congreso una propuesta legislativa para reconfigurar radicalmente el organismo encargado de gestionar los flujos poblacionales en territorio nacional. El Instituto Nacional de Migración mutará su denominación a Instituto de Movilidad Humana, un cambio semántico que busca reflejar una transformación filosófica: entender los desplazamientos no como fenómenos excepcionales sujetos a contención, sino como dinámicas naturales inherentes a la condición humana.
“En realidad es la movilidad de una persona de un lugar a otro”, explicó la mandataria al justificar el giro terminológico, subrayando que el vocablo tradicional ya no responde a las complejidades contemporáneas de los traslados transfronterizos. La iniciativa, concebida desde las oficinas ejecutivas sin ser propuesta inicial del titular actual Sergio Salomón Céspedes —a quien la presidenta reconoció públicamente por su desempeño—, buscará garantizar la totalidad de funciones operativas mientras reorienta el eje institucional hacia la protección integral de personas en tránsito.
Paralelamente, en el plano tecnológico, la jefa del Estado delineó una estrategia para posicionar a México en la vanguardia digital global. Tras recibir a Martina L. Cheung, directiva de S&P Global, en Palacio Nacional, Sheinbaum destacó el interés nacional por atraer centros de procesamiento masivo de información, infraestructura crítica para el desarrollo de inteligencia artificial.
El diálogo, calificado como exploratorio sin compromisos formales, abordó la realidad energética que condiciona estas instalaciones: su voraz consumo eléctrico exige garantías de suministro estable en cualquier ubicación geográfica. “A México obviamente le interesa tener algunos centros de datos”, afirmó, condicionando su instalación a factores como disponibilidad hídrica y capacidad generadora, recursos que el país podría ofrecer competitivamente frente a la concentración actual de estas plataformas en territorio estadounidense.
La conversación también exploró el horizonte de la computación cuántica, tecnología emergente que redefine los límites del procesamiento informático. Sheinbaum enfatizó que el objetivo fue comprender las tendencias globales para identificar espacios donde la nación pueda insertarse estratégicamente en esta revolución tecnológica incipiente.
El punto de tensión radica en la simultaneidad de ambas transformaciones: mientras el Estado redefine su relación con los cuerpos en movimiento mediante un enfoque humanista, busca posicionarse como actor relevante en la infraestructura digital que determinará el futuro económico mundial. Dos caras de una misma apuesta: modernizar el aparato gubernamental sin perder de vista la dignidad de las personas que cruzan sus fronteras.
