Sheinbaum reivindicó labor del exfuncionario como “gran trabajo” pese a su salida por desencuentros internos, mientras SEP imprime 28 millones de textos mensuales para ciclo 2026-2027.
Ciento cincuenta y cinco millones de volúmenes aguardan en imprentas nacionales para surtir cada aula del territorio. Desde enero, veintiocho millones de ejemplares salen mensualmente de las rotativas en un esfuerzo logístico colosal que garantizará la distribución universal de materiales para el próximo ciclo escolar. Este despliegue industrial sostiene el proyecto pedagógico que la mandataria federal ratificó como eje inquebrantable de su administración: la Nueva Escuela Mexicana no solo se preserva, sino que se enriquecerá mediante aportaciones colectivas de docentes, estudiantes y especialistas en ejercicio permanente de diálogo territorial.
El foco de atención, sin embargo, se desvió hacia la figura de Marx Arriaga, exresponsable de Materiales Educativos cuya partida generó especulaciones sobre sanciones administrativas. Sheinbaum desmontó con firmeza esa narrativa al destacar su trayectoria académica y profesional: “Es un hombre con doctorado, culto, que realizó una labor sobresaliente en la concepción de los textos”, afirmó, retando abiertamente a críticos externos a comparar trayectorias curriculares. La salida, explicó, obedeció exclusivamente a “desencuentros internos” propios de dinámicas institucionales, no a faltas disciplinarias. Cuando se le propuso reorientar su participación en otro espacio gubernamental, Arriaga optó por no continuar, cerrando así su ciclo en la dependencia.
El punto de máxima tensión emerge al contrastar la defensa presidencial con la polarización mediática: mientras voces opositoras cuestionan los contenidos educativos, la subsecretaria Noemí Juárez subrayó que los libros son “resultado de un proceso participativo que involucra a comunidades, docentes y las propias infancias”. Durante dos mil veinticinco, equipos técnicos recorrieron escuelas, celebraron consejos técnicos y dialogaron con colectivos para recabar observaciones que van desde ajustes iconográficos hasta precisiones lingüísticas y adecuaciones pedagógicas por nivel educativo.
“Los libros de texto somos todos y son de todos”, sentenció Juárez, destacando que cada reimpresión incorpora retroalimentación previa al inicio del ciclo lectivo. Paralelamente, las guías docentes —diseñadas en dos mil veinticuatro a solicitud de la administración anterior para acompañar el plan de estudios vigente— transitaron de formato digital a físico ante la demanda expresa del magisterio, sumándose a cuadernillos de matemáticas y planes de estudio impresos.
Mientras las rotativas siguen funcionando sin pausa, el debate trasciende lo pedagógico para convertirse en termómetro de polarización política: ¿pueden los materiales educativos escapar a la confrontación ideológica cuando su elaboración busca ser colectiva? La respuesta se imprimirá, literalmente, en ciento cincuenta y cinco millones de ejemplares que llegarán a manos de niñas, niños y adolescentes en los próximos meses.
