El presidente del organismo rector del fútbol mundial exigió garantías de movilidad para tres sedes. La mandataria mexicana le restó gravedad al incidente reciente y prometió un recibimiento “con brazos abiertos” a las selecciones.
El teléfono sonó en Palacio Nacional. Del otro lado de la línea, el hombre que controla el balón a nivel planetario, Gianni Infantino, buscaba respuestas. No era una llamada de cortesía. El máximo jefe de la FIFA quería escuchar de viva voz de la presidenta Claudia Sheinbaum si México sigue en pie para albergar la Copa del Mundo. La respuesta fue un mensaje de certeza, pero también el inicio de una auditoría: un equipo de especialistas del organismo viajará al país para revisar cada rincón de las sedes.
La conversación, revelada por la mandataria en su conferencia matutina, no fue improvisada. Detrás de la llamada de Infantino hay meses de trabajo bilateral, pero también una chispa de preocupación. El dirigente preguntó directamente por el clima interno, por “alguna situación especial” que pudiera empañar el evento. Sheinbaum fue clara: lo del domingo fue un episodio aislado, un “susto” del que el país ya se repuso y retomó la normalidad. Sin embargo, la FIFA no se conforma con palabras; por eso enviará a sus inspectores a constatar que todo esté en orden.
El Mundial no se suspende, pero tampoco se deja al azar. Infantino puso el dedo en la llaga sobre tres puntos neurálgicos: las ciudades sede. Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey serán revisadas con lupa, no solo en materia de seguridad, sino en un aspecto igual de crítico para la experiencia de los aficionados: la movilidad. El tráfico, ese monstruo cotidiano de las metrópolis mexicanas, se convierte ahora en un asunto de Estado. El objetivo es garantizar que los flujos de miles de visitantes lleguen y salgan de los estadios sin contratiempos. La promesa de Sheinbaum es que las medidas de seguridad no son nuevas, sino que se vienen tejiendo desde hace tiempo, y que ahora se reforzarán en conjunto con el equipo técnico de la FIFA.
La pregunta de Infantino, revelada por la propia presidenta, expone la fibra más sensible: “¿cómo ves a México?” Detrás de la frase late la inquietud global por la imagen del país. La respuesta de Sheinbaum fue un parte de estabilidad, minimizando el incidente dominical como algo puntual y ya superado. El verdadero desafío será demostrar con hechos esa “normalidad” cuando los reflectores del mundo apunten hacia el territorio mexicano. La venia del presidente de la FIFA llegó con condiciones: la visita inminente de su equipo de trabajo no es un gesto simbólico, es una verificación en terreno.
Sheinbaum agradeció la confianza y la elevó a un compromiso: “con más razón” trabajarán para que el Mundial sea un éxito. El mensaje final tiene dos destinatarios. Hacia adentro, lanza una advertencia implícita de que la seguridad y la logística ya están en marcha. Hacia afuera, es una postal para el mundo: los turistas y las selecciones serán recibidos “con los brazos abiertos” en un lugar que la mandataria calificó como “seguro y tranquilo”. El balón aún no rueda, pero la arquitectura del Mundial ya está siendo inspeccionada desde la más alta esfera del fútbol.
