En su primera conferencia desde “Furia Épica”, Pete Hegseth asegura que la muerte de Jamenei es un punto de inflexión histórico, advierte a las fuerzas de seguridad iraníes que “elijan sabiamente” y deja abierta la puerta a tropas terrestres
El escenario estaba montado para un anuncio de guerra, pero lo que llegó desde el Pentágono sonó a declaración de victoria. Pete Hegseth, secretario de Defensa, se paró frente a los micrófonos junto al general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, y soltó una frase que recorrerá el mundo: “El régimen ha cambiado”. Sin pruebas concluyentes, sin un nuevo gobierno instalado en Teherán, la Administración Trump ya da por sentado que la operación “Furia Épica” logró su objetivo más ambicioso: la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en los ataques coordinados del sábado con Israel.
Pero la conferencia no fue solo un parte de triunfo. Hegseth, con tono mesurado pero firme, admitió lo que ningún funcionario quiere decir en voz alta: podrían producirse más bajas entre las tropas estadounidenses. La guerra, insistió, “no es interminable”, aunque el precio aún no está saldado.
La ofensiva, según el Pentágono, tiene coordenadas claras. Hegseth las enumeró como si leyera una orden de misión: destruir la amenaza de los misiles iraníes, desmantelar su Armada y garantizar que no quede rastro de armas nucleares. Nada más, nada menos. En el centro de la estrategia, dijo, está la “devastación decisiva” de la capacidad bélica de Teherán.
Pero el mensaje más inquietante no fue para los generales iraníes, sino para las fuerzas de seguridad de a pie y la población civil. Hegseth, replicando el estilo directo de Donald Trump, lanzó una advertencia: “Ahora es su momento. Elijan sabiamente”. Una frase que deja espacio para la deserción, la rendición o, en el peor de los casos, una guerra interna que nadie puede controlar.
Cuestionado sobre si habrá botas estadounidenses en suelo persa, el secretario esquivó la respuesta con un “no” inicial, pero rápidamente matizó: el presidente tiene libertad para determinar la duración y el alcance. Horas después, desde la Casa Blanca, Trump fue más explícito: “No me tiemblan las piernas” con respecto a tropas terrestres si son necesarias. La puerta, aunque entreabierta, ya no está cerrada.
Hegseth rechazó cualquier paralelismo con Irak. “Esto no es interminable”, repitió como un mantra. Pero la historia reciente pesa. La región ya enfrenta un escenario de alta incertidumbre tras la caída del liderazgo iraní. Y aunque Washington asegura que marca los términos “de principio a fin”, nadie en Medio Oriente sabe cómo terminará esto.
El secretario también cargó contra Teherán por dilatar las negociaciones diplomáticas. Según su relato, Irán usó las conversaciones para ganar tiempo y recargar sus arsenales. Durante 47 años, dijo, han librado “una guerra salvaje y unilateral” contra Estados Unidos. Ahora, la factura llegó.
Trump, en una entrevista paralela, estimó que la misión podría durar entre cuatro y cinco semanas, pero dejó claro que la capacidad de fuego va mucho más allá. El programa de misiles iraní, insistió, representaba “una amenaza muy clara y colosal” para las fuerzas estadounidenses en el extranjero.
Mientras el polvo se asienta sobre los escombros en Teherán, la pregunta flota en el aire: ¿cambio de régimen sin un régimen nuevo? Hegseth lo tiene claro: el mundo es mejor así. Pero en Medio Oriente, las certezas suelen durar menos que un misil en vuelo.
