Sheinbaum contraataca: “A falta de argumentos, la oposición recurre a insultos y groserías”.

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La mandataria federal señala a Diego Fernández de Cevallos y Macario Schettino por los ataques verbales contra su persona, mientras defiende que la Reforma Electoral no altera la proporcionalidad en el Congreso.

“No hablan de la posición de los otros partidos”. Con esa frase, Claudia Sheinbaum destapó este jueves lo que considera la estrategia de la oposición frente a la Reforma Electoral: insultos vacíos de contenido. Desde el podio de la Mañanera, la Presidenta puso nombre y apellido a los que, según ella, han cruzado la línea del debate para caer en la descalificación personal.

La conferencia matutina transcurría sin sobresaltos hasta que Sheinbaum abordó el tema de la reforma. Lejos de repetir los argumentos técnicos, la mandataria cambió el ángulo: habló del tono del debate. Denunció que mientras su administración presenta propuestas concretas, desde ciertos sectores de la oposición solo recibe groserías.

Los señalados directos fueron dos: el panista Diego Fernández de Cevallos y el analista Macario Schettino. Según la Presidenta, ambos “no se limitaron con los insultos” al referirse a ella y a la iniciativa que busca modificar el sistema electoral.

Pero más allá del señalamiento personal, Sheinbaum aprovechó para recordar qué cambia realmente con su reforma. Lo hizo con precisión quirúrgica: “A nadie se le está quitando la proporción que sacaron de los 200 diputados”. Esa parte, explicó, se mantiene intacta. Los partidos conservarán el mismo peso proporcional que obtengan en las urnas.

El núcleo de la modificación está en otro lado: las listas. La iniciativa busca que quienes lleguen al Congreso sean aquellos que realmente salieron a pedir el voto a la gente, no los que aparecen en los primeros lugares gracias a decisiones internas. “Lo único que cambia es el tema de las listas y quienes son los que llegan”, sentenció.

Hay un segundo pilar: el dinero. Sheinbaum insistió en que la reforma apunta a disminuir los costos de la política, a que “los partidos no tengan tanto dinero”. Un golpe directo a la estructura de financiamiento que ha sostenido al sistema durante décadas.

La reacción de Sheinbaum expone una fractura en el debate público. Mientras ella asegura que la oposición carece de argumentos sólidos para oponerse a la reforma, sus críticos responden con descalificaciones que, según la Presidenta, han escalado hasta lo personal. “Cómo les dolió”, ironizó, quitándole peso al agravio pero evidenciando que el ambiente político se ha enrarecido.

El hecho de que mencione a Fernández de Cevallos —un peso pesado del PAN— y a Schettino —una voz influyente en el análisis político— sugiere que la Presidenta no solo responde a ciudadanos anónimos en redes, sino a figuras con capacidad de moldear la opinión pública. La estrategia es clara: exhibirlos como detractores sin propuesta.

“A mí ni me afecta”, dijo Sheinbaum sobre los insultos. Pero su mensaje fue claro: cuando no hay argumentos, se recurre a la descalificación. La Reforma Electoral sigue su curso, y la Presidenta ya pasó de explicarla a denunciar a quienes la atacan con groserías. El debate, parece, acaba de subir de tono.

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