Trump advierte: cualquiera que reemplace a Jamenei en Irán “acabará muerto”.

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Una semana después de matar al líder supremo y a 88 miembros del Consejo de Expertos en bombardeos coordinados con Israel, el presidente estadounidense lanza una amenaza directa contra sus posibles sucesores.

“Todo aquel que aspira a ser líder acaba muerto”. La frase salió de la boca de Donald Trump frente a los micrófonos de la Casa Blanca. No era una metáfora. Era una advertencia explícita a cualquiera que piense ocupar el lugar del ayatolá Ali Jamenei en Irán. El líder supremo ya no existe. Fue eliminado hace una semana junto a 88 miembros del Consejo de Expertos que lo sostuvieron durante 37 años.

La operación fue quirúrgica y letal. El sábado pasado, la fuerza aérea estadounidense, en coordinación con el ejército israelí, ejecutó una estrategia de bombardeos en varias zonas de Teherán. El objetivo principal: Jamenei. Los secundarios: los 88 clérigos y políticos que durante casi cuatro décadas apuntalaron su régimen. Todos muertos.

El argumento de Washington fue el mismo que ha repetido por años: el programa nuclear iraní. Trump insistió en que el régimen representaba una amenaza para la paz mundial por negarse a detener el enriquecimiento de uranio con fines bélicos. La bomba atómica iraní, según la administración estadounidense, estaba en el horizonte. Los bombardeos la corrieron.

Desde entonces, la maquinaria de guerra no se detiene. Trump, en conferencia de prensa, detalló el estado de la ofensiva: “Sus misiles están siendo destruidos rápidamente. Sus lanzadores están siendo destruidos”. Una demostración de fuerza que, según sus palabras, superó sus propias expectativas. “Reconstruimos el ejército durante mi primer mandato y lo estamos utilizando un poco más de lo que pensaba”, confesó.

Pero la guerra no es solo militar. Es también psicológica. La amenaza contra cualquier sucesor de Jamenei busca desactivar la resistencia interna antes de que se organice. Trump está convencido de que la estrategia actual logrará “poner fin a su movimiento de resistencia en cuestión de semanas”. Mientras tanto, exhortó a las tropas a tener paciencia: el éxito, dijo, está cerca.

Mientras los misiles caen sobre Irán, la diplomacia estadounidense se mueve en otra dirección. Este sábado, Trump se reunirá en Miami con 12 mandatarios de América Latina. La cita, confirmada por la vocera Karoline Leavitt, tiene un doble propósito: analizar la crisis en Medio Oriente y sentar las bases de una alianza multilateral para “hacerle frente a cualquier amenaza contra la paz en el mundo”.

El comunicado de la Casa Blanca habla de “promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región”. Pero en el contexto actual, la reunión adquiere un matiz distinto: Trump busca aliados en su propio patio trasero mientras libra una guerra al otro lado del planeta.

Jamenei ya no está. Sus 88 lugartenientes, tampoco. Ahora Irán debe decidir si elige un nuevo líder sabiendo que la advertencia de Trump es clara: “acabará muerto”. La pregunta que flota sobre Teherán no es si habrá sucesor, sino quién se atreverá a serlo.

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