
La mandataria presenta encuesta de Enkoll que muestra apoyo mayoritario a reducir el costo de elecciones, bajar sueldos del INE y prohibir reelección y nepotismo, mientras el gobernador de Jalisco se desmarca del debate legislativo.
Ocho de cada diez mexicanos quieren lo mismo: elegir directamente a sus representantes, que los políticos gasten menos y que no haya herencia de cargos. La presidenta Claudia Sheinbaum lo sabe y por eso llevó a Zapopan los resultados de la encuesta de Enkoll que, según sus palabras, disipa cualquier duda sobre el respaldo ciudadano a su reforma electoral. El respaldo más contundente: 87% apoya que se fiscalice el dinero en campañas.
Desde la conferencia mañanera en territorio jalisciense, Sheinbaum desgranó los números que justifican la iniciativa enviada al Congreso. La encuesta, aplicada por Enkoll, revela un respaldo mayoritario a los cambios propuestos. La mandataria lo dijo claro: “Por si alguien tenía alguna duda de que estamos respondiendo a la demanda ciudadana”.
Los porcentajes son altos y consistentes. Reducir sueldos y bonos de altos funcionarios del INE: 85% a favor. Que todos los cargos de representación, incluidos los plurinominales, se elijan por voto ciudadano: 83%. Disminuir el financiamiento público a partidos y autoridades electorales: 82%. Los números no dejan espacio a la ambigüedad.
Pero la reforma va más allá del dinero y las listas. Sheinbaum destacó que ocho de cada diez encuestados respaldan eliminar la reelección en todos los puestos de elección popular y prohibir el nepotismo. Es decir, que un familiar no herede el cargo. El hartazgo ciudadano con las prácticas políticas tradicionales queda reflejado en esas cifras.
La encuesta también aborda fenómenos contemporáneos. Ocho de cada diez quieren regular el uso de inteligencia artificial en campañas y prohibir cuentas falsas o bots en propaganda política. La preocupación por la manipulación digital ya es una demanda ciudadana explícita.
Otros puntos con respaldo incluyen reducir el número de regidurías en ayuntamientos y alcaldías, acortar los tiempos de partidos en radio y televisión, y facilitar el voto de los mexicanos en el extranjero. La reforma, según la mandataria, recoge todas estas inquietudes.
Mientras Sheinbaum presentaba los resultados, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, fue consultado sobre la iniciativa. Su respuesta marcó distancia: “Yo estoy más en la parte ejecutiva, trabajando en los grandes proyectos. En los temas legislativos, desde el gobierno de Jalisco no tenemos participación en ello”.
La declaración de Lemus contrasta con la presencia de Sheinbaum en su estado. El gobernador se desmarca del debate, se limita a lo ejecutivo y deja claro que la discusión legislativa no es su arena. Un gesto que puede leerse como prudencia o como una sutil separación de la iniciativa presidencial.
Ochenta y siete por ciento. Ochenta y cinco. Ochenta y tres. Los números de Sheinbaum son claros: la ciudadanía quiere una cirugía mayor al sistema electoral. La reforma ya está en el Congreso. Ahora la pelota está en la cancha de los legisladores. El pueblo, según las encuestas, ya habló.