Israel bombardea el megayacimiento de gas de Irán y desata advertencia de Teherán a sus vecinos: evacúen.

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El ataque contra Pars, el mayor yacimiento de gas del mundo compartido con Qatar, marca una escalada inédita; la Guardia Revolucionaria ordena a Arabia Saudita, Emiratos y Qatar desalojar instalaciones energéticas.

Por primera vez en casi tres semanas de guerra, la infraestructura energética iraní arde. El yacimiento de Pars, el más grande del mundo, fue alcanzado este miércoles por ataques israelíes con consentimiento de Estados Unidos. Las llamas consumen tanques de gas y partes de una refinería mientras Teherán lanza una advertencia sin precedentes a sus vecinos del Golfo: evacúen sus instalaciones energéticas.

La agencia Fars confirmó el impacto en el sector iraní del yacimiento, que Irán comparte con Qatar al otro lado del Golfo. Los trabajadores fueron evacuados y los equipos de emergencia intentan controlar el incendio. Medios israelíes atribuyeron el ataque a sus fuerzas, con el visto bueno de Washington. El ejército israelí no ha comentado oficialmente.

Qatar, que alberga la mayor base aérea estadounidense de la región, condenó el bombardeo a través de su cancillería. Lo calificó como una escalada “peligrosa e irresponsable” que pone en riesgo la seguridad energética mundial. El comunicado qatarí evitó mencionar el papel de Estados Unidos.

La Guardia Revolucionaria de Irán reaccionó con rapidez. Emitió una orden directa a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar para que evacúen varias de sus instalaciones energéticas. La advertencia sugiere que Teherán podría atacar infraestructura de sus vecinos si el conflicto continúa escalando.

Hasta ahora, Estados Unidos e Israel se habían abstenido de golpear la producción energética iraní. La medida era considerada una línea roja que podría desatar represalias contra otros productores y agravar la mayor interrupción de suministro energético de la historia.

El ataque a Pars no es un hecho aislado. Teherán informó que durante la noche lanzó misiles contra Tel Aviv, Haifa y Beersheba en Israel, así como contra bases estadounidenses en Bahréin, Irak, Jordania, Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. El conflicto ya no tiene fronteras.

La decisión de golpear el corazón energético iraní puede ser un punto de no retorno. Los mercados globales, ya afectados por el cierre del estrecho de Ormuz, observan con pánico. Qatar, socio de Irán en el yacimiento, queda en una posición incómoda.

Pars arde. Los tanques de gas explotan. Los trabajadores huyen. Irán ordena a sus vecinos desalojar sus propias instalaciones. La guerra energética ha comenzado y el mundo tiembla ante la factura que viene.

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