La vocera de la Cancillería rusa, María Zajárova, condenó los bombardeos de EE.UU. e Israel contra el programa nuclear iraní y advirtió que los “agresores” están elevando las apuestas sin considerar los riesgos de contaminación radiactiva.
“¡Ya es hora de que paren!”. El llamado de Rusia no fue una simple declaración diplomática. Fue una advertencia con mayúsculas. María Zajárova, vocera de la Cancillería rusa, dijo que los ataques contra instalaciones nucleares en Irán están socavando el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares y los mecanismos del OIEA. Y lanzó una frase escalofriante: los “agresores” están elevando las apuestas sin considerar los riesgos de contaminación radiactiva.
La declaración de Zajárova se publicó en el sitio web del Ministerio de Exteriores ruso. La vocera exigió que el director general del OIEA, Rafael Grossi, transmita “de forma inmediata y clara a los agresores una idea sencilla”: han cruzado la línea. “Aún tienen la oportunidad de no cometer más atrocidades, de no aumentar el número de víctimas inocentes y de no llevar la tragedia a la magnitud de una catástrofe mundial”.
El mensaje de Moscú es claro: los bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes no son un acto de guerra convencional. Son un riesgo para la seguridad global. La referencia a la contaminación radiactiva no es un recurso retórico. Es la advertencia de que un ataque mal calculado podría tener consecuencias que trascienden las fronteras de Irán.
Zajárova condenó “enérgicamente esta línea destructiva” y exigió que quienes la aplican “deben ponerle fin de inmediato”. La vocera rusa subrayó que estos ataques merecen una condena “inequívoca y firme” de toda la comunidad internacional.
El contexto es la escalada que comenzó el 28 de febrero. Ese día, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán en pleno proceso de negociaciones indirectas sobre el programa nuclear. La ofensiva, según Washington, busca acabar con el programa nuclear iraní, reducir sus capacidades militares y allanar el camino a un cambio de gobierno en Teherán.
Irán ha respondido con ataques contra Israel y bases militares estadounidenses en la región. Pero el foco de la preocupación rusa es otro: los ataques contra instalaciones nucleares. Moscú teme que una escalada en ese frente pueda provocar una catástrofe ambiental que afecte a toda la región.
Rusia ha sido un actor clave en el acuerdo nuclear de 2015 y mantiene estrechos vínculos con el programa nuclear civil iraní. La central de Bushehr fue construida por la corporación rusa Rosatom. Cualquier ataque a instalaciones nucleares iraníes pone en riesgo a personal ruso y podría tener consecuencias impredecibles.
El elemento más crítico de la advertencia rusa es la invocación del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares. Al señalar que los ataques están socavando el tratado, Moscú está diciendo que Estados Unidos e Israel están poniendo en riesgo el régimen internacional que durante décadas ha impedido la proliferación nuclear.
La referencia a la “contaminación radiactiva” es otro nivel de alarma. Un ataque contra una instalación nuclear puede liberar material radiactivo al medio ambiente, afectando no solo a Irán sino a los países vecinos y al Golfo Pérsico en su conjunto. Las consecuencias serían catastróficas para la salud pública y el medio ambiente.
Zajárova también criticó a la comunidad internacional por no condenar con suficiente firmeza los ataques. “Merecen una condena inequívoca y firme”, dijo. Es un llamado a que los países se pronuncien con claridad contra una escalada que, según Rusia, está cruzando todas las líneas rojas.
Rusia lanzó una advertencia: los ataques contra instalaciones nucleares iraníes pueden desencadenar una catástrofe mundial. La vocera Zajárova dijo que los “agresores” han cruzado la línea. Exigió que el OIEA transmita un mensaje claro: paren. La comunidad internacional, dijo, debe condenarlos sin ambigüedades. La guerra entre Estados Unidos e Irán ya ha perturbado el estrecho de Ormuz y el tráfico aéreo. Ahora, según Moscú, se acerca a un punto donde un error puede provocar una tragedia que nadie podrá contener.
