Estados Unidos bombardea la isla de Kharg: el corazón petrolero de Irán está en llamas

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Explosiones sacudieron el principal centro de exportación de crudo iraní horas después de que expirara el ultimátum de Trump; la Guardia Revolucionaria advierte que privará a Occidente de petróleo y gas “durante años”.

Las llamas se elevaron sobre la isla de Kharg. Explosiones confirmadas por la agencia estatal Mehr y el canal Al Araby sacudieron el principal centro de exportación de crudo de Irán, el punto por donde sale el 90 por ciento de su petróleo. Axios, citando a un alto funcionario estadounidense, confirmó el ataque. Ocurrió horas después de que expirara el ultimátum de Donald Trump para reabrir el estrecho de Ormuz. No fue un bombardeo cualquiera: fue el cumplimiento de una amenaza.

Trump lo había dicho días atrás en una entrevista con el Financial Times: “Queremos ese petróleo y podríamos tomar la isla”. La isla de Kharg no es un blanco cualquiera. Su ubicación en aguas profundas permite el atraque de los superpetroleros más grandes del mundo, una capacidad que los puertos de la costa continental iraní no tienen. Golpearla es asfixiar la economía de Teherán.

Según el funcionario estadounidense citado por Axios, el ataque se limitó a la infraestructura militar de la isla. Las instalaciones de procesamiento y las terminales de carga quedaron intactas. La distinción es clave: Washington quiere paralizar la capacidad de defensa de Irán, no necesariamente destruir su capacidad de exportación.

Pero el martes no hubo solo ataques en Kharg. En la provincia de Qom, proyectiles enemigos atacaron un puente de líneas de comunicación. En Kashan, un ataque contra el puente ferroviario de Yahya Abad dejó dos muertos y tres heridos. El servicio ferroviario hacia Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán, fue cancelado por completo. Israel reivindicó una amplia ola de ataques contra infraestructura en diversas áreas del país.

La escalada no fue sorpresiva. El 13 de marzo, fuerzas estadounidenses ya habían atacado objetivos militares en Kharg, evitando deliberadamente las instalaciones petroleras para prevenir un desastre ambiental. Trump dijo entonces que los objetivos militares habían sido “totalmente obliterados”. Esta vez, la diferencia es el contexto: el ultimátum expiró.

La llegada del USS Tripoli, un buque de asalto anfibio con 3,500 marines y marineros, había alimentado las advertencias de Teherán sobre una posible invasión terrestre. Ahora, los ataques aéreos y de misiles ya comenzaron.

La Guardia Revolucionaria emitió una advertencia que trasciende el teatro de operaciones. Dijo que sus reservas de “contención” han terminado. Amenazó con privar a Estados Unidos y sus aliados del petróleo y el gas de la región “durante años”. La respuesta de Irán, advirtió, no se limitará a la zona de conflicto inmediata, sino que se extenderá más allá de la región.

El elemento más crítico de la escalada es la amenaza de una guerra energética global. La Guardia Revolucionaria no dijo cómo piensa privar a Occidente del petróleo y gas durante años, pero las opciones incluyen atacar infraestructuras en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otros países del Golfo, así como cerrar permanentemente el estrecho de Ormuz.

Qatar, que ha actuado como mediador, lanzó una advertencia desesperada. Su portavoz, Majed al-Ansari, dijo que la guerra está alcanzando un umbral donde ya no podrá ser controlada. “Estamos muy cerca de ese punto”, afirmó. Es la voz de un país que ve cómo el conflicto se desborda.

Los ataques a puentes ferroviarios en el interior de Irán sugieren que Estados Unidos e Israel están buscando paralizar la logística del país. No solo se trata de destruir la capacidad de exportación de petróleo, sino de impedir el movimiento de tropas y suministros.

Las explosiones en Kharg no fueron un incidente aislado. Fueron el primer golpe de una guerra que Trump había anunciado. El ultimátum expiró. Los bombardeos comenzaron. Irán promete una respuesta que privará a Occidente de petróleo durante años. Qatar dice que el conflicto está fuera de control. El estrecho de Ormuz sigue cerrado. Y la isla de Kharg, el corazón petrolero de Irán, arde.

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