La guerra comercial entre Estados Unidos y China alcanzó un nuevo nivel de tensión esta semana cuando el gobierno chino anunció una serie de medidas contundentes en respuesta a los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump. Desde Beijing, la Comisión Arancelaria del Consejo de Estado declaró que todas las importaciones procedentes de EE.UU. serán gravadas con un impuesto recíproco del 34%, una medida destinada a contrarrestar lo que describen como “intimidación comercial unilateral”.
En un comunicado oficial, el gobierno chino calificó las acciones estadounidenses como “incompatibles con las normas del comercio internacional”, señalando que socavan sus derechos e intereses legítimos. La declaración fue acompañada por nuevas restricciones comerciales que impactan directamente a empresas clave de EE.UU. Once compañías fueron incluidas en la temida “lista de entidades no confiables”, mientras que otras 16 enfrentarán rigurosos controles de exportación para evitar la transferencia de productos de doble uso.
El sector tecnológico también se vio afectado, ya que China impuso restricciones a las exportaciones de siete minerales de tierras raras, incluyendo el samario y el gadolinio, esenciales para fabricar electrodomésticos, equipos médicos y dispositivos tecnológicos avanzados. Además, en un golpe al sector alimentario, Beijing suspendió las importaciones de aves de corral provenientes de Mountaire Farms of Delaware y Coastal Processing, dos gigantes en la industria avícola estadounidense.
El gobierno chino aseguró que estas medidas buscan presionar a Washington para que abandone sus políticas arancelarias unilaterales y retome negociaciones basadas en la igualdad y el beneficio mutuo. Sin embargo, el anuncio provocó una reacción inmediata en los mercados financieros globales. Los futuros del Dow Jones cayeron 1,000 puntos, equivalente a un retroceso del 2.3%. El S&P 500 y el Nasdaq Composite también sufrieron pérdidas significativas, con descensos del 2.4% y 2.7%, respectivamente.
Este episodio marca un nuevo capítulo en la disputa comercial entre las dos potencias económicas más grandes del mundo, dejando claro que las tensiones están lejos de resolverse. Mientras tanto, inversores y consumidores en ambos lados del Pacífico observan con preocupación cómo esta batalla podría transformarse en una crisis económica global.
