La tarjeta que cambió su vida: cómo Sonora está rompiendo el ciclo de pobreza
En los rincones más vulnerables de Sonora, una tarjeta electrónica con 2,500 pesos bimestrales está haciendo milagros. Doña María, de 68 años, residente de Etchojoa, cuenta cómo por primera vez pudo comprar medicinas para su diabetes y suficientes alimentos para sus nietos. Su historia se repite en 13,364 hogares más, beneficiarios del Programa de Fortalecimiento Económico para Familias Vulnerables, la apuesta social más ambiciosa del gobierno de Alfonso Durazo.
Con una inversión récord de 200 millones de pesos, este programa rompe esquemas: no es asistencialismo, es justicia social en acción. “Estamos llegando a quienes el sistema había olvidado”, explica el Gobernador mientras supervisa personalmente la entrega en Navojoa. Los beneficiarios, identificados mediante estudios del Coneval, deben vivir en pobreza extrema y tener al menos tres carencias sociales: desde falta de educación hasta viviendas sin servicios básicos.
La magia está en la simplicidad: dinero en efectivo, sin condiciones, depositado cada dos meses en una tarjeta. “La gente sabe mejor que nadie en qué necesita gastarlo”, comenta la Secretaria de Bienestar. Los resultados saltan a la vista: en Guaymas, los niños van más a la escuela; en Caborca, se repararon techos de lámina; en Hermosillo, nacieron pequeños negocios familiares.
Pero lo más impactante ocurre en comunidades indígenas como Yécora, donde el programa se combina con capacitación productiva. “No les damos el pescado, les enseñamos a pescar… pero primero les damos de comer”, resume un funcionario. Esta red de protección social cubre ya 29 municipios, desde la frontera con EU hasta las sierras del sur, demostrando que cuando el presupuesto llega a quienes realmente lo necesitan, las transformaciones son reales.
