Putin desacredita el Nobel de la Paz: “Se ha convertido en arma política”

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Entre críticas y geopolítica: el Nobel de la Paz bajo fuego desde el Kremlin

En medio de una gira diplomática por Asia Central, el presidente ruso Vladimir Putin lanzó una dura crítica al Comité Nobel Noruego, cuestionando abiertamente la legitimidad del Premio Nobel de la Paz. Durante una conferencia de prensa tras su visita de Estado a Tayikistán, Putin afirmó con rotundidad: “Ha habido casos en los que el Comité ha otorgado el Premio Nobel de la Paz a personas que no han hecho nada por la paz”.

El mandatario ruso no se limitó a cuestionar decisiones pasadas; fue más allá al declarar que, en su opinión, la autoridad del galardón “ha perdido en gran medida su prestigio”. Para Putin, el premio —originalmente concebido por Alfred Nobel para reconocer esfuerzos concretos por la reconciliación y la estabilidad global— ya no responde a méritos reales, sino a agendas externas.

La polémica se intensificó cuando los periodistas le preguntaron por la ausencia de Donald Trump en la lista de laureados, a pesar de sus mediaciones en conflictos como el acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. Putin, con cautela diplomática, respondió que “no es mi decisión”, pero no dudó en destacar que el expresidente estadounidense “ha hecho esfuerzos para resolver crisis que han durado décadas” —una clara alusión a sus gestiones en el Medio Oriente.

Estas declaraciones no son aisladas. Reflejan una postura institucional del Kremlin. Poco antes, el embajador ruso en Noruega, Nikolái Korchunov, había calificado al Comité Nobel como un actor politizado: “La nueva elección sesgada del Comité Nobel noruego contribuirá al mayor descrédito del Premio de la Paz”, escribió en un comunicado oficial. Korchunov fue aún más contundente al afirmar que el galardón “se ha convertido definitivamente en una herramienta obediente para impulsar narrativas occidentales coyunturales y críticas unilaterales a países no deseados”.

La crítica rusa toca una fibra sensible en el debate global sobre la neutralidad de los premios internacionales. En los últimos años, el Nobel de la Paz ha sido otorgado a figuras como Maria Ressa (Filipinas), Nadia Murad (Irak) y Denis Mukwege (República Democrática del Congo), activistas cuyas causas han chocado con gobiernos autoritarios o aliados de Moscú. Para Rusia —y otros actores no occidentales—, esto confirma una tendencia: el premio ya no celebra la paz, sino que sanciona ideológicamente a sus adversarios.

Mientras Occidente defiende la independencia del Comité Nobel, el Kremlin insiste en que el galardón ha perdido su alma. En un mundo cada vez más dividido, incluso los símbolos de la paz se convierten en campos de batalla.

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