De la burocracia al rescate directo: cómo el gobierno reescribe la respuesta ante desastres
En medio de las críticas por la desaparición del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), la presidenta Claudia Sheinbaum abrió los archivos del pasado durante su conferencia mañanera para revelar una verdad incómoda: el Fonden, hoy idealizado por la oposición, fue entregado en 2018 con una deuda de 13 mil millones de pesos —heredada de la administración de Enrique Peña Nieto— y sin recursos reales para atender emergencias.
“No era un fondo de apoyo, era un fideicomiso corrupto y burocrático”, afirmó Sheinbaum con tono firme. “Eran puras deudas. No tenía dinero el Fonden. Y además, tardaba meses —a veces años— en entregar ayuda a quienes la necesitaban. Mientras, la gente sufría”.
La mandataria desmontó el mito de que el Fonden era un instrumento eficaz, señalando que su estructura compleja y opaca no solo retrasaba la asistencia, sino que abría la puerta a prácticas corruptas. “Hoy, en cambio, tenemos 19 mil millones de pesos listos para emergencias, y los recursos sí llegan directamente a la gente”, destacó.
Este giro en la política de protección civil no es solo presupuestario, sino filosófico. Bajo el actual esquema, no se reparten apoyos “a diestra y siniestra”, sino que se realizan censos casa por casa para identificar con precisión las necesidades reales. “Sabemos quién perdió su techo, quién perdió a un ser querido, y les brindamos apoyo integral”, explicó.
La comparación es contundente: mientras el viejo Fonden operaba como una caja negra con deudas acumuladas, el nuevo modelo prioriza transparencia, rapidez y focalización. Los recursos no pasan por intermediarios ni largas cadenas burocráticas; van directamente a las familias damnificadas, con seguimiento y acompañamiento.
Sheinbaum aprovechó el momento para responder a quienes, desde la derecha, han exigido el regreso del Fonden. “Lo que quieren no es ayudar a la gente, sino regresar a un esquema que solo beneficiaba a contratistas y burócratas”, sentenció. “Nosotros preferimos que el dinero llegue al bolsillo de quien lo necesita, no al de quien lo administra”.
En un contexto de emergencias climáticas cada vez más frecuentes —como las recientes lluvias en Veracruz, Puebla y Hidalgo—, este cambio de paradigma podría marcar la diferencia entre la desesperanza y la reconstrucción. Hoy, el gobierno no solo tiene los recursos, sino también la voluntad política de usarlos con eficacia y justicia.
