
La Línea Roja: Sheinbaum Responde a Fox con Indignación y Memoria Histórica
Desde Palacio Nacional, con una mezcla de indignación contenida y frustración visible, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo trazó este martes una línea moral en el debate político nacional. El detonante: las declaraciones del expresidente Vicente Fox Quesada que, tras el brutal asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, afirmó que el edil “ya les hizo la mitad del trabajo” y que “la otra mitad” le correspondía a la oposición.
“Me parece terrible. Nosotros hablamos de que somos humanistas por encima de todo. Y esta visión… cómo es posible, ni siquiera me vienen las palabras. Cómo es posible que hablen de un homicidio de esa manera”, declaró Sheinbaum con evidente molestia, marcando un contraste nítido entre lo que describió como su enfoque humanista y la “falta de empatía” del expresidente panista.
La mandataria no se limitó a condenar el comentario, sino que lo enmarcó en un patrón de conducta de la oposición que, según ella, revela prioridades profundamente alejadas del bienestar ciudadano. “A ellos no les importan ni las familias que sufren, ni les importa Michoacán, ni les importa México ni menos el pueblo. A ellos les importan sus fueros, regresar al poder para su beneficio”, afirmó con contundencia.
Pero Sheinbaum fue más allá de la crítica circunstancial. Con precisión histórica, evocó los escándalos de corrupción que marcaron el sexenio foxista, apuntando directamente hacia lo que calificó como enriquecimiento ilícito. “¿Cómo se benefició la familia de Fox, la familia de su esposa? Hay que recordar todas las corruptelas de su sexenio. No les importa nada más que a ellos mismos”, sostuvo, llevando la confrontación al terreno de la memoria institucional.
En tono firme y didáctico, la presidenta advirtió que la derecha mexicana carece de autoridad moral para hablar de “amor a México” cuando, durante años, “lucró con el poder público”. Su análisis conectó la crítica actual con un patrón histórico: “Hay que recordar también cómo se hicieron las fortunas de muchos millonarios, porque eso de que nacieron pobres, no mucho: crecieron al amparo del poder”.
El discurso de Sheinbaum articuló una filosofía de gobierno alternativa. “Nosotros estamos a favor de que la iniciativa privada invierta, pero que el gobierno sirva a unos cuantos, eso no. Fuimos elegidos para servir al pueblo, para beneficio del pueblo. Gobernamos para todas y todos, pero por el bien de todos, primero los pobres”, declaró, estableciendo un principio rector que contrasta con lo que describió como la práctica foxista.
Finalmente, la mandataria cuestionó el trasfondo real detrás de las palabras de Fox, desmontando cualquier pretensión de patriotismo: “¿Qué hay de fondo en esas declaraciones? ¿Amor a México? Lo que hay es un deseo enorme de regresar a beneficiarse del poder”. La respuesta de Sheinbaum no fue solo una réplica a un comentario desafortunado, sino una defensa explícita de su visión de Estado y una denuncia de lo que percibe como la esencia de la oposición: la nostalgia por un poder que servía a intereses particulares.