El Grito Soberano de Ecuador: Cómo un Referéndum Marcó el Pulso Antimperialista de América Latina
CIUDAD DE MÉXICO – Desde el salón donde cada mañana se dirige a la nación, la presidenta Claudia Sheinbaum observó con atención el mensaje que llegaba desde el sur. El domingo electoral en Ecuador había dejado una lección contundente: el 60.67% de los ecuatorianos rechazaba la instalación de bases militares estadounidenses en su territorio, desafiando así al propio presidente Daniel Noboa, quien había impulsado la consulta.
“Lo que pasó en Ecuador ahora el domingo con el referéndum que se hizo, con el presidente de Ecuador llamando a la gente a que hubiera bases norteamericanas en Ecuador, lo puso a votación y la mayoría dijo: ‘No, no queremos’. Habla también de un sentimiento en América Latina”, comentó la mandataria mexicana durante su conferencia de prensa matutina.
Las palabras de Sheinbaum resonaron como un eco de lo que muchos analistas ya vislumbraban: un continente que reafirma su soberanía frente a los históricos intentos de influencia extranjera. El resultado no fue solo una derrota para Noboa, sino un mensaje claro hacia Washington sobre los límites de su presencia militar en la región.
El referéndum ecuatoriano representaba mucho más que una simple consulta. La primera pregunta buscaba modificar la Constitución de 2008, que prohíbe expresamente el establecimiento de bases militares extranjeras en el país. Noboa, enfrentando una crisis de seguridad interna, había visto en esta alianza militar una posible solución, pero subestimó el arraigado sentimiento soberanista de su pueblo.
Los números del Consejo Nacional Electoral (CNE) hablaban por sí solos: mientras el “Sí” apenas alcanzaba el 39.33%, el “No” se imponía con un contundente 60.67%. Pero el rechazo ciudadano no se limitó a esta pregunta. Los ecuatorianos dijeron “No” a las tres interrogantes siguientes, demostrando un escepticismo generalizado hacia las reformas propuestas por su gobierno.
La segunda pregunta, que buscaba eliminar la obligación del Estado de asignar recursos del Presupuesto General a las organizaciones políticas, también fue rechazada. La tercera, que proponía reducir el número de miembros de la Asamblea Nacional de 151 a 73, encontró igual oposición. Y la cuarta, que convocaba a una Asamblea Constituyente para elaborar una nueva Constitución que sustituyera la vigente desde 2008, completó el cuadro de rechazo ciudadano.
Para Sheinbaum, este resultado trascendía las fronteras ecuatorianas. En sus breves pero significativas declaraciones, la presidenta mexicana interpretó el veredicto popular como la expresión de un “sentimiento” latinoamericano más amplio, una reafirmación de la independencia y la autodeterminación que caracterizan a la región en el siglo XXI.
El mensaje desde Quito llegaba en un momento particularmente sensible para las relaciones interamericanas, marcado por las crecientes tensiones entre Washington y varios gobiernos de la región. El “No” ecuatoriano se convertía así en un precedente significativo para futuras discusiones sobre la presencia militar extranjera en América Latina.
