Putin Llega a la India para Cumbre Estratégica con Modi en Medio de Presión de EE.UU.

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Un abrazo en Nueva Delhi que desafía al mundo: La visita de Estado de Putin refuerza una alianza económica y militar al margen de Occidente

Bajo el cielo de Nueva Delhi, un recibimiento cálido envió un mensaje frío a los observadores en Washington. Este jueves 4 de diciembre, el presidente ruso, Vladímir Putin, aterrizó en la India para una visita de Estado de dos días que busca consolidar una de las asociaciones geopolíticas más importantes y desafiantes del siglo XXI: la alianza entre Rusia y la India. En el aeropuerto, el primer ministro Narendra Modi lo recibió personalmente, un gesto de alto protocolo que precedió a una reunión informal en la residencia del mandatario indio, marcando el tono de un encuentro entre lo que Putin ha llamado su “amigo” y “socio de confianza”.

El Kremlin, que había revelado las fechas a finales de noviembre, definió la visita como de “gran importancia”, ya que ofrece la oportunidad de discutir de manera integral “toda la amplia agenda” de una relación que califica de “asociación estratégica especialmente privilegiada”. Esta agenda abarca desde lo político y comercial-económico hasta lo científico-tecnológico y cultural. Tras las negociaciones formales, que incluirán una reunión con la presidenta Droupadi Murmu, se adoptará una declaración conjunta y se firmará “una serie de documentos bilaterales”, según adelantó el gobierno ruso.

El asesor presidencial ruso, Yuri Ushakov, calificó la visita como un acontecimiento “supergrande” y “fructífero”, subrayando que su objetivo principal es “poner en práctica” el acuerdo entre Putin y Modi de reunirse cada año para mantener “una conversación detallada” sobre asuntos bilaterales y cuestiones internacionales. Esta regularidad se ha cumplido: el año pasado Modi visitó Rusia en dos ocasiones, y en septiembre de este año ambos se reunieron en el marco de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en China.

Pero el corazón de esta cumbre late en la cooperación económica y de defensa, áreas donde los intereses convergen de manera poderosa. Según confirmó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, se debatirán las entregas de cazas rusos de quinta generación Su-57 y de sistemas de misiles antiaéreos S-400 a la India, así como la producción conjunta de motores aéreos. En energía, se abordará una propuesta de Rosatom sobre pequeños reactores modulares y el desarrollo del corredor marítimo Chennai-Vladivostok. Además, figura en la agenda un acuerdo sobre movilidad laboral y la creación de nuevos sistemas de pago que, según Peskov, podrían “constituir una alternativa a los sistemas que pueden utilizarse como herramienta política para ejercer presión”, una clara referencia al sistema financiero occidental dominado por el dólar.

La visita no ocurre en un vacío, sino bajo la intensa presión de Estados Unidos sobre la India por sus lazos con Rusia. A finales de agosto, el presidente Donald Trump impuso un arancel adicional del 25% a productos indios en represalia por la compra de petróleo ruso, elevando los gravámenes totales hasta el 50%. La India ha defendido con firmeza su decisión, argumentando que estas compras han contribuido a estabilizar los mercados globales. El ministro de Petróleo indio, Hardeep Singh Puri, declaró en septiembre: “Lo cierto es que no hay sustituto para el segundo mayor productor del mundo… Quienes lo señalan, ignoran este hecho”.

La crónica de esta cumbre, que coincide con el 25º aniversario de la Declaración de Asociación Estratégica entre ambos países, es la de dos potencias que, pese a sus diferentes sistemas políticos, encuentran en su asociación un contrapeso vital frente a un orden internacional liderado por Occidente. Mientras EE.UU. intenta aislar a Rusia, la India le tiende la mano, negociando aviones de combate, reactores nucleares y sistemas de pago alternativos. Es un recordatorio de que, en un mundo multipolar, las alianzas se forjan no solo por ideología, sino por intereses estratégicos concretos, y la visita de Putin a Nueva Delhi es la prueba más tangible de ello.

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