La Guerra de los Bots: La Batalla por la Narrativa Tras la Marcha del Tigre
En el estudio de televisión, frente a las cámaras de Joaquín López-Dóriga, la presidenta nacional de Morena, Luisa Alcalde, no habló de logros de gobierno ni de la agenda legislativa. Su tono fue el de una denuncia, una advertencia sobre un frente de batalla invisible pero omnipresente: las redes sociales. En las últimas semanas, afirmó con contundencia, se desplegó una “manipulación brutal” para distorsionar la percepción pública sobre la llamada Marcha del Tigre, aquella concentración en el Zócalo capitalino el pasado 6 de diciembre. Según la dirigente guinda, detrás de esa distorsión hay millones de pesos, un ejército digital de bots y una estrategia orquestada para construir lo que llamó una “realidad alterna”.
“Lo que hemos visto en redes sociales es grotesco”, declaró Alcalde, sin atenuantes. “Una manipulación brutal con millones invertidos en bots y robots para magnificar una conversación que no refleja la realidad del país”. Sus palabras no eran una mera queja, sino la descripción de lo que, según ella, el equipo de Morena ha identificado como un aparato coordinado de desinformación. El objetivo de este aparato, explicó, era amplificar artificialmente discursos y contenidos contrarios al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, generando una burbuja de percepción negativa que, insistió, no tiene anclaje en el sentir mayoritario.
La crónica de esta manipulación, según Alcalde, tiene incluso capítulos internacionales. La dirigente reveló que han recibido reportes sobre la presunta contratación de especialistas extranjeros, verdaderos mercenarios de la comunicación política, expertos en estrategias de desestabilización. “Supuestos expertos que te venden el manual de cómo desestabilizar a un gobierno”, precisó, señalando que estos actores habrían operado antes campañas similares en países como Argentina y Brasil. “Eso es lo que están intentando construir: una narrativa artificial, alejada de lo que la gente siente y sabe”.
Pero la historia que contó Alcalde no se quedó en la denuncia de las tácticas sucias. Dio un paso más allá para argumentar por qué, a su juicio, estas campañas terminan siendo estériles. Su tesis es que la oposición política en México, más allá de su ruido en las plataformas digitales, “desapareció” en los hechos tras la llegada de la Cuarta Transformación al poder. Según su análisis, los partidos opositores no han logrado recuperarse de sus derrotas electorales ni presentar alternativas claras y convincentes a la ciudadanía. Mientras ellos se debaten, dijo, el gobierno federal ha entregado resultados concretos que hablan por sí solos.
Para sustentar esta afirmación, Alcalde recurrió a uno de los indicadores que consideró más contundentes: la lucha contra la pobreza. “En siete años, 13.5 millones de personas han salido de la pobreza extrema”, afirmó, atribuyendo este logro en buena medida a la política salarial que ha elevado el poder adquisitivo de las familias. “Hoy hay menos desigualdad, impulsada por un salario mínimo más alto y por una política social que sí llega a la gente”, sentenció. Este contraste entre una oposición percibida como vacía y un gobierno que presume datos duros de bienestar, explicaría, según ella, por qué las campañas digitales de manipulación no logran permear más allá de círculos reducidos y de la burbuja de las propias redes.
“Lo que se dice en redes no está ni cerca de lo que la población realmente piensa”, concluyó, cerrando con una frase que era a la vez un descargo y una afirmación de confianza. La crónica de Alcalde, por tanto, es la de dos mundos paralelos: el del ruido artificial, pagado y amplificado, que busca crear caos y desconfianza; y el de la realidad silenciosa pero tangible de los indicadores económicos y sociales que, asegura, son el verdadero termómetro del país. Una batalla donde los “likes” y los “bots” se enfrentan, según su relato, a millones de personas que han visto mejorar su vida cotidiana.
