Sheinbaum asegura que acuerdo con EUA sobre agua no afecta a mexicanos ni a agricultura

0
55

Entre la Sequía y el Arancel: El Frágil Acuerdo del Agua que Negoció México con Estados Unidos

La tensión había crecido de manera silenciosa pero constante, como el nivel de un embalse en época de secas. Del otro lado de la frontera, la advertencia del presidente Donald Trump era clara y con fecha límite: si México no cumplía con la entrega de agua comprometida en el Tratado de 1944 antes del 31 de diciembre, las exportaciones mexicanas sufrirían un arancel del 5%. El reloj corría en contra. Pero este 15 de diciembre, en la Mañanera del Pueblo, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se paró frente a los micrófonos para anunciar un respiro: se había llegado a un acuerdo. Y lo más importante, según su relato, era una victoria para la soberanía hídrica nacional.

Con un tono calmado pero firme, la mandataria dedicó buena parte de su conferencia a despejar dudas y calmar ánimos. Su mensaje central fue un mantra repetido para dejar claro quién no saldría perdiendo: “Lo que es muy importante que todos sepan es que no se está dando un agua que no tenemos o que afecte a las y los mexicanos”. Insistió en que no se entregaría “más de lo que dice el tratado” y, crucialmente, que no se comprometería “el consumo humano o a la agricultura en México”.

La crónica de este acuerdo, según Sheinbaum, es una de realismo frente a una exigencia inflexible. Las autoridades estadounidenses pedían la totalidad del volumen pendiente antes de que terminara diciembre. Frente a esto, México argumentó “limitaciones físicas” y las graves “consecuencias que tendría un vaciado acelerado” de las presas. El resultado fue una negociación que cambió los términos del cumplimiento: en lugar de una entrega masiva e inmediata, se pactó un esquema de entrega gradual, condicionado a la disponibilidad futura.

Este punto fue la piedra angular del nuevo entendimiento. La presidenta explicó que las entregas se ajustarán en función de la cantidad de lluvia registrada en cada quinquenio. Esto, en la práctica, significa que los adeudos acumulados por la severa sequía de años anteriores se saldarán poco a poco, sincronizando el pago del tratado con el ritmo de la naturaleza. No es una renuncia al compromiso, sino un replanteamiento de su calendarización bajo un principio de sustentabilidad.

La sombra de la amenaza arancelaria de Trump, sin embargo, planeó sobre todo el anuncio. Sheinbaum reconoció la presión, pero optó por destacar el tono final del diálogo. Aseguró que el “trato que tuvieron fue amable” y que “se mantendrán las conversaciones entre ambos países”. La narrativa que construyó fue la de un gobierno que, frente a un ultimátum comercial, defendió los intereses vitales de su población y sus productores, evitando tanto un conflicto económico como una crisis humanitaria y agrícola.

Así, la crónica de este domingo 15 de diciembre queda como la de una negociación en la cuerda floja. Por un lado, la presión concreta de un arancel inminente; por el otro, la realidad física de cuencas exhaustas. El acuerdo anunciado por Sheinbaum se presenta como el punto de equilibrio: cumplir con el vecino sin desangrar al país, comprando tiempo con la lluvia como moneda de cambio.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí