Trump declara el fentanilo como arma de destrucción masiva y revive medalla contra Pancho Villa

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Entre simbolismos bélicos y cifras cuestionadas, Trump convierte la frontera en un escenario de guerra contra el fentanilo

En la Casa Blanca, bajo la luz calculada de los focos de prensa, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que sacudió tanto a expertos en seguridad como a historiadores: declaró al fentanilo —un opioide sintético— como una “arma de destrucción masiva”. La medida, presentada en una ceremonia repleta de simbolismo militar, tuvo como telón de fondo una medalla olvidada: la Medalla de Defensa de la Frontera Mexicana, originalmente creada en 1918 para condecorar a soldados que persiguieron a las fuerzas de Pancho Villa durante la Revolución Mexicana.

La decisión no pasó desapercibida. Trump afirmó que “ninguna bomba causa el daño que esto está haciendo”, asegurando que entre 200 mil y 300 mil personas mueren anualmente por el fentanilo en Estados Unidos. Sin embargo, datos oficiales del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) contradicen esa cifra: las muertes por sobredosis de fentanilo oscilan entre 70 mil y 80 mil al año. La discrepanancia no fue aclarada, pero sirvió para justificar una narrativa de emergencia nacional.

Durante el evento, rodeado por el jefe del Estado Mayor, el secretario de Guerra Pete Hegseth, la fiscal general, el zar fronterizo Tom Homan y el jefe del Comando Norte, Trump insistió en que la frontera sur está “bajo el control físico de los cárteles”, a quienes calificó como “las entidades más violentas del planeta”. Aunque México no fue nombrado directamente, la orden ejecutiva señala a dos cárteles “predominantemente responsables” de la distribución del fentanilo en territorio estadounidense.

La ceremonia también sirvió para entregar la nueva-versión de la medalla histórica a 13 militares, representantes simbólicos de unos 25 mil que, según el Pentágono, podrían recibirla. “Estamos reviviendo una vieja medalla… Nuestros hombres y mujeres llevarán la misma presea que usaron quienes defendieron la soberanía de EE.UU. hace 100 años”, declaró Hegseth, ignorando que aquella campaña —la Expedición Punitiva de 1916— fue un fracaso estratégico que no logró capturar a Villa.

Detrás de los discursos llenos de elogios —incluyendo una reverencia a Steve Miller, artífice de la política antimigrante—, se percibía una clara intención política. “A la gente se le olvida que la frontera ha estado segura por siete meses”, afirmó Trump, en un intento por desviar la atención de las críticas por su incapacidad para cumplir promesas económicas, como bajar el costo de la vida. Insistió en que la inflación actual es herencia de la administración de Joe Biden, pese a que su propio gobierno no ha logrado revertir las tendencias alcistas.

Mientras tanto, la Casa Blanca emitió un comunicado celebrando haber “restaurado el orden” en la frontera, asegurando que se ha disuadido la inmigración ilegal y protegido a comunidades del “crimen trasnacional”. Pero entre las sombras del escenario montado, persiste una pregunta incómoda: ¿es el fentanilo realmente un arma de guerra… o una excusa para movilizar tropas, reforzar narrativas nacionalistas y revivir fantasmas del pasado?

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