
“Fue un mal espectáculo”: Sheinbaum condena gresca legislativa y exige compostura a servidores públicos
En medio de una jornada marcada por la indignación ciudadana, la presidenta Claudia Sheinbaum elevó su voz para condenar con firmeza los hechos ocurridos el 15 de diciembre en el Congreso de la Ciudad de México, donde legisladores de Morena y partidos de oposición se enfrentaron a golpes, jaloneos y halones de cabello en pleno recinto legislativo. Durante su conferencia matutina del 16 de diciembre, Sheinbaum no dudó en calificar el episodio como “un mal espectáculo” que mancha la imagen de la democracia mexicana.
“Fue un mal espectáculo”, afirmó la mandataria con tono serio, al referirse a las imágenes que circularon viralmente en redes sociales: mujeres diputadas forcejeando, gritos, codazos y el caos absoluto en uno de los espacios más simbólicos del poder local. Sin mencionar nombres ni partidos, Sheinbaum hizo un llamado universal a todos los funcionarios públicos a no generar violencia y a mantener la compostura, incluso en los momentos de mayor tensión política.
“La política se debate con argumentos, no con golpes”, subrayó, reiterando que la violencia no tiene cabida en las instituciones democráticas. Su mensaje fue claro: los representantes populares tienen una responsabilidad moral y ética de ser ejemplo, no de alimentar el descrédito ciudadano con conductas que parecen propias de una riña callejera y no de un foro legislativo.
El incidente en el Congreso capitalino ocurrió durante un tenso debate sobre la reforma al órgano de transparencia, un tema sensible que ha dividido profundamente a la mayoría morenista y a la oposición. Según testigos, la discusión se salió de control cuando legisladoras del PAN y Morena se enzarzaron en un forcejeo físico que escaló rápidamente, con jaloneos de pelo y empujones que obligaron a decretar un receso. Posteriormente, los diputados de oposición abandonaron el pleno, y Morena aprobó la reforma en solitario.
Aunque Sheinbaum no se pronunció sobre el fondo del asunto legislativo, su condena estuvo enfocada en la forma: el uso de la violencia como recurso político. En un momento en que la desconfianza en las instituciones alcanza niveles críticos, la presidenta subrayó que la credibilidad se construye con respeto, diálogo y civilidad, valores que parecieron ausentes en el Congreso de la CDMX.
Su intervención no solo responde a una exigencia ética, sino también a una necesidad política: reafirmar que, incluso en medio de diferencias ideológicas, México debe defender la paz como pilar de su democracia. Porque, como dijo Sheinbaum, cuando los representantes del pueblo pierden la compostura, todos perdemos.