México exige en la OEA: “Ninguna intervención en Venezuela. La paz se construye sin tutelajes”

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En una sesión extraordinaria de la OEA en Washington, el embajador Alejandro Encinas denuncia la “agresión militar unilateral” de EE.UU. contra Venezuela y advierte que cualquier expansión de la violencia pondría en riesgo la paz en todo el hemisferio

En la sala del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el aire se cargó de tensión histórica. Convocada por Colombia y copatrocinada por México, la sesión extraordinaria para abordar la intervención militar estadounidense en Venezuela se convirtió en un foro de defensa de los principios fundacionales del derecho internacional. Desde la tribuna, el representante permanente de México, Alejandro Encinas, pronunció un discurso firme, sereno y contundente que resonó como un eco de la Doctrina Estrada en pleno siglo XXI.

“La situación en Venezuela debe resolverse exclusivamente por vías pacíficas, mediante el diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad del pueblo venezolano, sin injerencias ni tutelajes externos”, afirmó Encinas, dejando claro que, para México, la soberanía no es negociable. Su mensaje no fue solo una condena, sino una advertencia: “Cualquier escalamiento del conflicto tendría consecuencias directas sobre el bienestar de los pueblos de América Latina y el Caribe”.

Desde el inicio, Encinas agradeció a Colombia —en su rol de presidencia del Consejo— por impulsar el debate, calificando los hechos en Venezuela como una “agresión militar unilateral” que exige una “reflexión hemisférica responsable”. Y fue más lejos: señaló que estas acciones violan el artículo II de la Carta de la ONU y la propia Carta de la OEA, instrumentos que prohíben el uso de la fuerza y consagran la no intervención como pilar del orden regional.

“Para mi país, la no intervención no es solo un principio constitucional, sino uno de los que rigen las relaciones entre todas las naciones del mundo”, subrayó, reafirmando que la política exterior mexicana no es coyuntural, sino histórica y ética. Y desmontó cualquier intento de justificar la operación como “legítima defensa”: “El derecho internacional establece límites claros al uso de la fuerza”.

Pero lo más contundente llegó cuando Encinas evocó la memoria colectiva de América Latina: “La intervención nunca ha traído democracia, nunca ha generado bienestar, nunca ha generado estabilidad duradera”. En una región marcada por golpes, invasiones y dictaduras impuestas desde el exterior, su palabras no fueron retórica, sino una lección de historia con urgencia contemporánea.

Además, recordó que América Latina y el Caribe han sido reconocidos como una “zona de paz”, y que el ataque a Venezuela no solo rompe esa frágil arquitectura, sino que amenaza con desatar una espiral de violencia que podría extenderse a otros países. “Los cambios de régimen impulsados por actores externos han profundizado los conflictos y debilitado el tejido social de las naciones”, advirtió.

Al concluir, Encinas reiteró que solo un proceso liderado por los venezolanos puede conducir a una solución democrática y sostenible. Y ofreció el apoyo de México a cualquier esfuerzo de facilitación, mediación o acompañamiento, siempre que respete la autodeterminación. “México mantiene su disposición a preservar la paz regional y evitar una confrontación de mayores consecuencias”, dijo.

En una OEA históricamente dividida, la postura mexicana no solo defendió a Venezuela, sino que reafirmó el alma del multilateralismo latinoamericano: que los pueblos decidan su destino, sin cañones ni embajadores que dicten sentencias. Porque, como dijo Encinas, la paz no se impone; se construye con respeto.

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