Dinamarca y Groenlandia dicen NO a Trump: ‘No queremos ser parte de EE.UU.

0
45

Soberanía ártica: cómo Groenlandia y Dinamarca trazan líneas rojas frente a las ambiciones de Trump

En una fría mañana del 14 de enero, en Washington, se escribió un capítulo crucial en la defensa de la soberanía europea. Tras una reunión con el vicepresidente estadounidense JD Vance, los cancilleres de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, y Groenlandia, Vivian Motzfeldt, dejaron un mensaje inequívoco: Estados Unidos puede ser aliado, pero no dueño.

La cita, calificada por Rasmussen como “franca, honesta, sincera y constructiva”, tuvo un objetivo claro: establecer un grupo de trabajo de alto nivel para abordar las preocupaciones de seguridad de EE.UU. en el Ártico, especialmente en torno a Groenlandia, isla estratégica que ha despertado el interés obsesivo del presidente Donald Trump. Pero mientras Washington insiste en que la isla es “vital para su seguridad nacional”, Copenhague y Nuuk responden con firmeza: la integridad territorial de Groenlandia no está en discusión.

“Estamos dispuestos a cooperar, pero hay límites que no cruzaremos”, afirmó Rasmussen, subrayando que cualquier colaboración debe respetar la soberanía danesa y el derecho de autodeterminación del pueblo groenlandés. En un intento por desmentir la narrativa trumpista, negó rotundamente la presencia de buques de guerra chinos en la región: “Según nuestra Inteligencia, no hemos tenido buques de guerra chinos en Groenlandia desde hace aproximadamente una década”.

Por su parte, Vivian Motzfeldt fue aún más contundente. Recordó que la cooperación con EE.UU. ya existe —tanto bilateralmente como dentro de la OTAN, donde la base aérea de Thule opera desde hace décadas—, pero rechazó cualquier sugerencia de anexión o compra. “Es importante repetir que no queremos ser parte de Estados Unidos. No hace falta que Estados Unidos nos compre”, sentenció, en una frase que resonó como un manifiesto anticolonial en pleno siglo XXI.

Ambos funcionarios coincidieron en que la solución no pasa por ceder soberanía, sino por reforzar el papel de la OTAN en el Ártico. “El camino para la seguridad es más alianza, no menos autonomía”, dijo Motzfeldt, quien reconoció que Trump mantiene un “interés personal” por la isla, lo que obliga a marcar con claridad los límites políticos.

El nuevo grupo de trabajo tendrá la delicada tarea de canalizar las diferencias entre las partes: por un lado, las demandas de seguridad de EE.UU.; por otro, las líneas rojas de Dinamarca y Groenlandia. Su éxito dependerá de si Washington acepta que, en el orden internacional, los aliados no son territorios en disputa.

Mientras tanto, en Nuuk, los groenlandeses observan con orgullo cómo su voz —pequeña en población, pero firme en principios— se impone frente a la retórica imperial. Porque en el Ártico, el hielo no se derrite solo por el clima… también por la presión del poder. Y esta vez, la soberanía no se negociará.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí