
De la ilusión neoliberal a la transformación sanitaria: cómo el IMSS-Bienestar reescribe el acceso a la salud en México
En una soleada mañana del Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum desmontó con datos y testimonios lo que durante años se vendió como un logro del sistema de salud mexicano: el Seguro Popular. Durante su habitual conferencia mañanera, la mandataria no dudó en calificarlo como una “farsa” que, lejos de garantizar atención médica universal, dejó a millones de mexicanos con una credencial sin respaldo real.
“Ni era seguro, ni era popular”, recordó Sheinbaum citando al presidente Andrés Manuel López Obrador, al explicar que el programa impulsado por Vicente Fox en 2003 no generó infraestructura ni personal médico adicional. Solo entregaba un documento que prometía acceso a servicios que, en la práctica, seguían colapsados o inaccesibles, especialmente en zonas rurales y marginadas.
La crítica fue aún más contundente al señalar que, bajo el modelo neoliberal, se redujo progresivamente el presupuesto federal para la salud, transfiriendo responsabilidades —pero no recursos suficientes— a los estados. En ese contexto, se anunciaron la construcción de cerca de 90 hospitales, pero casi ninguno se terminó. Las licitaciones, denunció el director del IMSS, Zoé Robledo, estaban plagadas de irregularidades: empresas ganaban contratos con plazos y costos inviables, y al día siguiente ya pedían prórrogas o más dinero. El resultado: obras paralizadas, comunidades desatendidas y un sistema de salud fragmentado.
Con la llegada de la Cuarta Transformación, el gobierno federal retomó esas obras inconclusas y lanzó el IMSS-Bienestar, un modelo que busca centralizar el financiamiento y garantizar servicios médicos gratuitos, eficaces y universales. Hasta ahora, 24 estados —todos gobernados por Morena— se han integrado al sistema, mientras que entidades con gobiernos opositores han rechazado sumarse, pese a que el esquema incluye programas complementarios como las Farmacias del Bienestar y las Rutas de la Salud, diseñados para acercar medicamentos y atención primaria a las zonas más alejadas.
“Queremos un sistema universal de salud que brinde todavía una mejor atención”, afirmó Sheinbaum, subrayando que el objetivo no es solo corregir errores del pasado, sino construir un derecho humano real: el de estar sano. Para Robledo, el mensaje es claro: “El Seguro Popular nunca atendió a nadie. No era una institución, solo un mecanismo de financiamiento fallido”. Hoy, el IMSS-Bienestar representa no solo una reforma técnica, sino una apuesta política por la equidad en la salud.