En medio de tensiones globales, el presidente francés denuncia el colapso del orden internacional y la “ley del más fuerte”, justo cuando Trump expone comunicaciones privadas para debilitar su liderazgo.
Davos, Suiza — El frío alpino no fue nada comparado con la helada diplomática que sacudió el Foro Económico Mundial este 20 de enero. En una intervención cargada de urgencia, el presidente francés Emmanuel Macron lanzó una advertencia contundente: “Nos dirigimos a un mundo sin ley”, donde el derecho internacional es pisoteado y solo prevalece la fuerza de los más poderosos. Su discurso, pronunciado ante líderes globales, fue una defensa apasionada del multilateralismo, la soberanía europea y la cooperación frente a las “ambiciones imperiales” que, según él, amenazan la paz mundial.
“Es un cambio hacia un mundo sin ley, donde la única ley que parece importar es la de los más fuertes”, dijo Macron, en una clara alusión a las políticas unilaterales del presidente estadounidense Donald Trump, quien recientemente amenazó con imponer aranceles del 10% a países europeos por enviar tropas simbólicas a Groenlandia. Ante esto, el mandatario galo instó a la Unión Europea a no ser tímida, a no dividirse y a activar mecanismos anticoerción cuando se violen las reglas del comercio justo. “Europa tiene herramientas muy poderosas y debemos utilizarlas”, afirmó.
Pero la ironía llegó horas después, cuando Trump filtró en redes sociales mensajes privados supuestamente enviados por Macron y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. En uno de ellos, Macron escribiría: “Estamos totalmente alineados con Siria. Podemos hacer grandes cosas en Irán”, y respecto a Groenlandia: “No entiendo qué haces en Groenlandia”. La publicación, hecha sin consentimiento, fue vista como un acto de sabotaje diplomático, destinado a minar la credibilidad del líder europeo y exponer supuestas contradicciones entre su discurso público y sus comunicaciones privadas.
Macron, sin embargo, no retrocedió. En una apresurada caminata por los pasillos del Centro de Congresos, reiteró que Europa debe defender sus intereses y principios, y criticó la ingenuidad del bloque por no proteger sus empresas mientras otras potencias sí lo hacen. “Hay que estar calmados, mantenernos en nuestros principios, no bajar los ojos, no ceder a la ley del más fuerte ni a técnicas de intimidación”, insistió.
Su mensaje fue claro: el mundo ya no se rige por acuerdos, sino por competencia implacable. Aranceles, amenazas, filtraciones… todo forma parte de una nueva era donde la diplomacia se ha convertido en campo de batalla. Y en ese escenario, Europa no puede seguir siendo espectadora.
Sobre si Trump sigue siendo un “aliado”, Macron respondió con elegancia cortante: “Le corresponde a él dar la respuesta, aunque en efecto no es un comportamiento que corresponde a esa calificación”.
Mientras tanto, en Washington, las redes sociales celebraban la filtración como una victoria. Pero en Davos, muchos líderes entendieron el mensaje subyacente: cuando un presidente comparte tus mensajes privados para humillarte, ya no eres aliado, sino objetivo.
Y en ese mundo sin ley que Macron teme, la confianza se desvanece… y hasta las palabras más discretas pueden volverse armas.
