Entre la palabra y la advertencia: La doble postura de EE.UU. sobre Venezuela frente al Senado
El hemiciclo del Senado estadounidense fue testigo de un discurso cargado de ambigüedad calculada. Este 28 de enero, el Secretario de Estado Marco Rubio compareció ante los legisladores para trazar la línea de la Administración Trump sobre Venezuela. Su mensaje fue una mezcla de aparente moderación y advertencia férrea: “Les puedo asegurar con total certeza que no estamos preparando… ninguna acción militar en Venezuela”. Sin embargo, en la misma intervención, reservó el derecho de Estados Unidos a usar la fuerza si otros métodos fracasan o si surge una amenaza directa, como la instalación de una fábrica iraní de drones en suelo venezolano.
La crónica de esta comparecencia pintó un escenario de transición forzada y control económico. Rubio acusó al presidente venezolano Nicolás Maduro de ser un “narcotraficante” y de convertir al país en una plataforma para Irán, Rusia y China en el hemisferio. Frente a esto, presentó el objetivo estadounidense no como una invasión, sino como la promoción de una “transición política” hacia una Venezuela “próspera, democrática y aliada”. Un proceso que, admitió, “va a tomar tiempo”. El instrumento clave para esta transición no sería inicialmente militar, sino financiero, y gira en torno al petróleo.
Rubio detalló un mecanismo de supervisión estricta para los ingresos petroleros venezolanos, actualmente bajo sanciones. Washington permitirá la venta del crudo, pero el dinero se depositará en una cuenta controlada. “Los ingresos… se depositarán en una cuenta, donde tendremos capacidad de supervisión, y el dinero se va a utilizar para el beneficio del pueblo estadounidense”, afirmó. Este fondo, auditado por EE.UU., supuestamente buscaría aliviar la crisis fiscal venezolana, en una primera fase. Una segunda etapa apuntaría a la “recuperación económica” y a normalizar la industria petrolera con ventas “sin corrupción”. Rubio incluso elogió las recientes reformas del Parlamento venezolano para atraer capital privado.
Sobre el futuro político, el Secretario de Estado dejó una puerta abierta para la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, afirmando que “puede formar parte” del proceso. La narrativa se extendió brevemente a Cuba, donde Rubio expresó que al gobierno estadounidense le “encantaría” ver un cambio de régimen, aclarando que no lo provocarían activamente, pero recordando que el embargo está “codificado” en la ley y exige ese cambio para ser levantado. La crónica finaliza con la imagen de una potencia que, tras evitar –según su versión– una guerra civil en Venezuela, ahora busca moldear su futuro mediante el control de su principal riqueza y la presión política constante, manteniendo la sombra de la fuerza como último argumento.
